Aportes para una didáctica del pensamiento crítico en la escuela secundaria: Orientaciones para el docente

El pensamiento crítico registra controversias de relevancia en distintos ámbitos de la vida social. Algunas veces asociado a actitudes contestatarias sin fundamento, en otras oportunidades relacionado con la negatividad sistemática que no registra porqués, vinculado por ciertas corrientes de pensamiento a la angustia que impide la feliz realización personal: estos son sólo algunos de los malos entendidos que circulan sobre esta cuestión. Es por esto que la enseñanza del pensamiento crítico necesita con urgencia precisiones conceptuales que sostengan su enseñanza desde marcos teórico-pedagógicos actualizados, considerando sus múltiples dimensiones, y a sabiendas de que desde el advenimiento de la democracia en nuestro país se erige como uno de los propósitos centrales de la educación la formación de ciudadanos críticos.  En efecto, las últimas instrucciones emanadas del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba se hacen cargo de esta trayectoria de más de treinta años y nos indican el trabajo con la capacidad pensamiento crítico y creativo, entendiendo que la misma (junto con otras capacidades fundamentales) debe estar presente como eje organizador de la enseñanza en las escuelas de hoy.

Sin embargo, pocos suelen ser los aportes disponibles para pensar una didáctica para la enseñanza del pensamiento crítico, y es en este punto donde queremos realizar nuestras reflexiones. En primer lugar, es menester aclarar que el pensamiento crítico no es algo natural e inherente en nuestros estudiantes, de hecho se trata de una capacidad que debe construirse contracorriente, es decir habilitando la permanente sospecha sobre lo naturalizado, lo obvio, lo dado. El sentido común en tanto sistema cultural construye premisas que devienen en dogma, en verdades incuestionables, y es ahí donde el pensamiento crítico instala la pregunta, el por qué, la opción de que las cosas pueden ser de otra manera distinta a la que dicta el statu quo. Esta acción de crítica sobre lo estatuido debe ser enseñada porque la tendencia corriente del ser humano es hacia la aceptación no cuestionadora de los parámetros culturales establecidos.

Un conjunto de instrucciones sencillas pueden construir una didáctica del pensamiento crítico en tanto capacidad objeto de enseñanza áulica.  En el contexto del trabajo indicado por el Programa Nacional de Formación Situada, el equipo docente del IES delineó ciertos ítems fundamentales que a manera de acuerdos, sirven como punto de partida para pensar el cómo de la enseñanza del pensamiento crítico:

  • Explicar a los estudiantes qué significa pensamiento crítico y sus diferencias con las opiniones banales e irreflexivas.  Delimitar la importancia de la argumentación y las premisas que se sustentan sobre ellas, haciendo especial énfasis en las fuentes que utilizamos para apoyar nuestras posturas.
  • Marcar claramente los límites de qué se puede y qué no se puede decir en el aula. El pensamiento crítico no debe habilitar ofensas ni estigmatizaciones ni la circulación sin regulación de opiniones que se escuchan en la calle sobre grupos étnicos, sociales, sobre distintas orientaciones sexuales, etc. Es importante introducir el concepto de  límites del disenso legítimo en sociedades democráticas: afirmar que los homosexuales son enfermos y que hay que matarlos a todos por el bien de la sociedad no es una postura propia del pensamiento crítico, es una expresión de odio que no debe tener lugar en el aula porque ofende, estigmatiza e incita a la violencia, violando consensos ya socialmente establecidos sobre normativas tan importantes como aquellas que rigen los derechos humanos.
  • Tener presente la asimetría comunicacional docente-alumno. Dado que la palabra del docente suele tener un peso diferencial más importante en el contexto áulico, la postura del profesor debe aparecer cuando ya se habilitó la palabra del alumno para no tendenciar la discusión. Luego de que han quedado establecidas las distintas posturas en el marco del curso, el docente deber explicitar la propia postura desde una actitud de honestidad intelectual.
  • Procurar, en situación de aula, la autorregulación del grupo permitiendo que sea el mismo grupo el que responda a las intervenciones y preguntas de sus compañeros, antes que dejarse ganar por el enojo e instalar un monopolio de la palabra por parte del docente.
  • En caso de ausencia de intervenciones divergentes por parte del alumnado, corresponde al docente intervenir, planteando el disenso.
  • Toda vez que se pueda, es recomendable desarrollar actividades donde los estudiantes deban defender posturas contrarias a su pensamiento original: este juego de rol permite informarse con compromiso sobre los fundamentos del que piensa distinto y promueve el respeto a la diversidad de ideas, movilizando dudas y cuestionamientos a la propia manera de mirar el mundo (lo cual es, en suma, el propósito central del pensamiento crítico).
  • Cuidar que nadie monopolice la palabra proponiendo pautas claras y concretas de orden y tiempo para las intervenciones en situaciones de debate, exposiciones, etc.
  • Volver siempre al interrogante inicial para que no se pierda el trabajo con el tema definido inicialmente por el docente evitando dispersión donde no se establezca conclusión alguna y, en consecuencia, la actividad sea percibida como intrascendente o sin propósito claro a raíz de la falta del cierre didáctico.
  • Realizar un correcto uso del pizarrón, procurando que en el mismo queden organizadas todas las posturas posibles sobre el interrogante inicial, para que esta apreciación visual permita organizar más fácilmente la controversia.
  • Cuidar el empleo del lenguaje: el mismo debe encuadrarse en un ámbito académico para construir junto a los alumnos modos de expresión adecuados  a la circulación de la palabra en una escuela.
  • Habilitar la posibilidad del autosocioanálisis por parte del alumnado: gran parte de nuestras opiniones iniciales están sesgadas por nuestra pertenencia de clase, geográfica, histórica, familiar. Poder explicitar de quién soy en términos sociales instala el interrogante acerca de qué vínculos existen entre lo que pienso, lo que digo y el sitio de donde provengo,  siendo responsabilidad del docente arbitrar los mecanismos de distanciamiento de esta primera opinión naturalizada.
  • Propiciar en primer lugar el estudio sistemático de las estructuras fundamentales de las disciplinas. Resulta imposible realizar ningún trabajo de pensamiento crítico si antes no se han estudiado los contenidos fundamentales de las distintas disciplinas escolares, por ejemplo, mal puedo discutir el rol del Che Guevara en la historia latinoamericana si desconozco por completo los hechos y procesos de la Revolución Cubana.

En tanto capacidad transversal que va mucho más allá de las ciencias sociales y las humanidades, el pensamiento crítico debe enseñarse focalizando su potencia en tanto pensamiento divergente que excede ampliamente la acción de argumentación y que supone huir de lo obvio, lo seguro y previsible, para producir ideas, conceptos, objetos que resulten novedosos y útiles, resultando un camino indispensable para la construcción de sociedades más justas e igualitarias y un indudable motor de transformación social y cultural.

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