Coronavirus: la mutación de un virus que le dio respiro al mundo

Clásicamente se ha descripto que los coronavirus son virus de tamaño entre 80 y 160 nanómetros (nm) de diámetro y con una sola cadena de RNA en su genoma. Están rodeados de unas proyecciones que recuerdan la corona solar, de donde deriva su nombre. En humanos se han aislado tres subgrupos diferentes, designados como 229E, OC43 y B814.

Los coronavirus son virus de distribución universal que producen infección en los países cálidos, sobre todo al final del otoño y al inicio de la primavera, período en que los rinovirus (otro virus que causa gripe) son menos prevalentes. Existe además un patrón de tipo periódico de la infección, habiéndose demostrado brotes epidémicos cada 2 o 3 años con los serotipos oc43 y 229e. La infección por coronavirus ocurre a cualquier edad, aunque su incidencia es superior en la infancia. Durante la infección se observa un aumento en el título de anticuerpos; sin embargo, la reinfección es común debido a su rápida disminución tras la sintomatología clínica.
Hacia fines de 2019, el virus sufrió una mutación. Esta mutación se denominó con el nombre SARS-CoV -2, mostrándose así que es un nuevo integrante de la familia SARS-CoV.
Al no poseer memoria inmunológica contra el nuevo coronavirus, el sars-cov-2 no encontró resistencia en distribuirse de forma rápida a nivel mundial, generando una enfermedad llamada COVid-19 (el nuevo nombre se toma de las palabras  “corona”, “virus” y “disease“).
Actualmente, y ayudada en un principio por el gran movimiento de personas a través de viajes en avión, la enfermedad tomó en poco tiempo el carácter de pandemia, término que se refiere a la distribución de una enfermedad en una vasta extensión de la geografía mundial.
En poco tiempo, y en base a las experiencias vividas en todo el planeta, sabemos que debemos cuidarnos y cómo debemos hacerlo. Sabemos que el distanciamiento social y la higiene personal y del hogar son pilares fundamentales para cortar la transmisión de un virus que necesita, obligadamente, de un hospedador (el ser humano) para poder reproducirse.

En referencia al título de la nota, citamos a la Dra. Kristin Aunan (científica natural e investigadora principal centrada en la contaminación del aire, la salud y el clima), quien dice: “Desde principios de febrero hasta principios de marzo, la contaminación del aire en China cayó en un 20-30 por ciento. Si esta cifra se hubiera mantenido estable hasta fin de año, de acuerdo con nuestros cálculos, se podrían haber salvado 50,000-100,000 vidas”.

A modo de reflexión personal, y en consonancia con el párrafo citado anteriormente, la actual pandemia nos da una oportunidad para volver a sentar valores generalizados sobre respeto y cuidado del medio ambiente. Vamos a ser una generación muy castigada (por las actitudes del pasado, la falta de respeto al entorno y el castigo que sufre la humanidad por el COVid-19), pero vamos a tener la experiencia y las herramientas para impulsar políticas ambientales que aseguren un futuro mejor para las próximas generaciones.

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Bibliografía:

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