“¿Para qué sirve la filosofía?”: ensayo de una alumna de 6° año

En el marco de las actividades introductorias de la asignatura “Filosofía”, la Profesora Ernestina Godoy le propuso a sus alumnos trabajar sobre una de las preguntas fundamentales de la disciplina desde sus propios conocimientos. De esta manera, se promueve la revisión crítica de los estudiantes sobre sus propias ideas, a la vez que invita al ejercicio de una exposición de carácter ensayístico y argumental.
En esta oportunidad, acercamos el trabajo de Valentina Velázquez-Pescetti de 6°D.

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¿Para qué sirve la filosofía?

Hoy, que la situación cotidiana cambia y la rutina sufre una gran ruptura, que las responsabilidades siguen existiendo pero el entorno se modifica y nos exige cosas diferentes, siento una necesidad de parar con las obligaciones por momentos y dejar mi mente volar. Me hago preguntas que antes no se me hubieran ocurrido, quizás promovidas por algún trabajo pendiente, o sólo por la necesidad de llenar mi tiempo libre. Reflexiono sobre la sociedad en la que vivo, mis prejuicios e ideologías, pienso en todo eso que creo que “nací sabiendo”. Tengo tiempo para cuestionarme; preguntarme qué es lo cierto, qué no, y hasta si existe tal certeza.
Entonces, me doy cuenta de que lo que estoy haciendo, casi sin darme cuenta, es investigarme a mí misma, cerrar los ojos y concentrarme en mis preocupaciones, miedos y saberes. Ya no me contento con un no sé cuando me pregunto algo. Sé que bien puedo silenciar esa pregunta o pensamiento que me inquieta, dejarlo de lado y habitar la ignorancia de mi bienestar, pero ¿así realmente se puede vivir en paz?

Por una cuestión académica, este año comencé a cursar la materia de Filosofía y necesité definirla. Pensar en su concepto fue algo complejo, pero desde luego entretenido. Necesité tiempo para preguntarme qué creía yo que era la filosofía, qué había escuchado y leído, y con qué de todo eso me quedaba. Tuve que preguntarme para qué nos sirve en la vida; la famosa pregunta que hacemos los estudiantes con cualquier asignatura escolar. Algo que ocurre con esta pregunta es que la respuesta siempre es válida para todas las materias, pero esta vez encontré una respuesta diferente que me llamó la atención.
La filosofía no es como las demás materias. Su propósito va más allá y hasta la practicamos, de una manera más sencilla, casi sin darnos cuenta. La filosofía nos sirve para encontrar la felicidad en nuestras vidas, es un proceso eterno de introspección y reflexión, es el estar dispuesto a desafiar todos los conocimientos, a dejar de aceptar lo que todos nos dicen y empezar a cuestionarlo. Hace ya más de un mes pude comprender que la filosofía es arte, el arte de pensar. El buen arte desconoce teorías (aunque las usa como herramientas), se aprende y se desarrolla, como dijo Umberto Eco en “El Oficio de Pensar”: no llega cuando lo buscamos, sino cuando menos lo esperamos. No conoce horarios ni obligaciones; la filosofía llega al hombre para conducirlo a una vida pacífica, para llenarlo emocionalmente.

Comte-Sponville planteó en “Invitación a la filosofía” que la filosofía es el camino y la llegada es la felicidad. Creo importante recordar que también dijo que no es sólo una aventura, sino un recorrido que necesita esfuerzo y estudio para poder llevarse a cabo. El arte necesita disciplina y educación, y la filosofía no es la excepción. Son horas y horas de pensamiento y lectura.
Considero, demás, que la filosofía nos sirve para comprender las acciones de la gente que nos rodea y los hechos que ocurren y ocurrieron. Nos alienta a nos alienta a conectarnos y conocer lo amplias que pueden llegar a ser nuestras propias mentes, nos mueve el piso con nuevas afirmaciones y conceptos (que no tienen por qué ser verdaderos) que desafían todo lo que creíamos que era verdadero.
En ese momento, conocer el significado de filosofía, mi significado, fue muy importante. Despertó mi curiosidad y me alentó practicarla conscientemente, aunque sea un poco en mi día a día, a mi manera poco experimentada y poco educada (planeo que esto último se revierta con el tiempo). Tener mi visión de las cosas me ayuda a conocerme un poco más cada día, y aunque me cueste construirla siento que no tengo apuro: si sigo pensando, llegará cuando menos lo espere.

Volviendo a la actualidad, si tuviera que definir a la filosofía con una sola palabra, sería desafío: uno que no tiene fin y que nos reta todo el tiempo, que nos pide más y más cada vez que llegamos a una conclusión que nos parece firme, que nos demuestra todo el tiempo que aquello que creíamos cierto, puede que no lo sea, incluso esa última conclusión. Nos seduce con lo desconocido y aprovecha nuestra sed de paz interior. No es fácil desprenderse de aquello que defendíamos con la vida para crear algo con lo que verdaderamente nos identifiquemos, deshacerse de la zona de confort a la que tanto nos habíamos acostumbrado, cuestionar todo en nuestra mente y saber que quizás ya no existan lugares sólidos a los que aferrarse o en los que confiar. No es simple recorrer ese áspero camino para llegar a nuestra felicidad. Y, a todo esto, ¿qué es lo que nos identifica? ¿Cuál es esa felicidad a la que anhelamos llegar? ¿Existe realmente, o solo es un final idóneo, inalcanzable, que nos llena de falsa esperanza? Y si existe, ¿es realmente la filosofía la que nos llevará hasta allí? ¿Para qué nos sirve la filosofía?

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Bibliografía:

  • Comte-Sponville, A. (2002) Invitación a la Filosofía. Barcelona: Paidós
  • Eco, U. (1987) El oficio de pensar. El País. Recuperado de https://elpais.com/diario/1987/11/05/opinion/563065206_850215.html

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