Egresados del IES hoy: Ailín Gava desde Panamá

La finalización de cada etapa de formación otorga más libertad para elegir y transitar los propios horizontes. La escuela secundaria cumple, en ese sentido, la función de formar ciudadanos que se valdrán por sí mismos en otras instancias de formación, trabajos y ocupaciones que determinen sus vidas. El IES se consolida en ese proyecto y se propone que año tras año sus egresados aprovechen las herramientas y experiencias inculcadas dentro y fuera de las aulas. Ailín Gava es uno de los ejemplos que demuestran lo fundamental que resultan los primeros aprendizajes para construir formas de vida que se alejan de lo tradicional.

Ailín egresó en el año 2000 de la Orientación Ciencias Sociales. El IES fue para ella algo más que una escuela, un lugar donde incorporar conocimientos: “Fue el mejor lugar para pasar mi adolescencia”. Recién llegada de Entre Ríos, Ailín tuvo dificultades para sentirse parte de Villa Carlos Paz, hasta que en 1995 entró al IES y se produjo el cambio: “Tuve mi lugar desde el primer día. Me sentí parte y jamás sentí discriminación ni acoso ni soledad”, recuerda. Los aprendizajes que Ailín evoca como perdurables no son únicamente los que formaban parte de alguna prueba, sino que incluían otra educación: “Fue la mejor formación para aprender a pensar, relacionarme, integridad moral, diversión sana, diversidad y respeto. Éramos una multitud pero conociéndonos sin ser un número más”. En esos recuerdos se cuelan, además, algunos nombres que hasta hoy son el comentario recurrente con sus compañeros de promoción: “Me acuerdo de Diego Torres, el preceptor. Nos perdonaba todo, lo volvíamos loco”. Mientras que algunas docentes también dejaron su marca en la forma de ver y habitar el mundo: “Natalia Uanini y Viviana Postay me enseñaron a pensar, justificar y defender. Aprender que debatir es diferente a discutir, a ver que las opiniones diferentes son una oportunidad de conocer otra visión, y no como ‘mal o bien, errado o correcto’”. Esto fue decisivo, además, al momento de cursar la Licenciatura en Historia en la UNC, lugar en el que descubrió que sus propias docentes eran referentes en el campo. Hoy en día, esa formación del IES se mostró como fundamental para sus vivencias posteriores: “Cuando salís de tu país, tener seguridad de quién sos y cómo sos es fundamental”, comenta Ailín.

Mientras estudiaba, Ailín empezó a trabajar para solventar sus gastos, y luego de trabajar en el sector de ventas, incursionó como docente de “Metodología de la investigación” en una universidad de Brasil. Pero el año decisivo fue el 2011, cuando la universidad para la que trabajaba organizó un congreso en Panamá y se enamoró inmediatamente de la ciudad. Así fue que en 2013, armada de su experiencia laboral en Argentina, se mudó para empezar de cero fuera de su país natal.

Una vez instalada en Panamá, consiguió puestos de trabajo en el área de logística de carga aérea y marítima, y en hotelería, área en el que se desempeña hasta la actualidad. Ailín es manager de la central de reservas de Selina, una cadena de hospitalidad presente en veinte países (incluida Argentina). Estrictamente, no es una cadena de hoteles, sino una plataforma de estilo de vida, viajes y hotelería. Además del confort para viajeros, resulta central para esta compañía ofrecer espacios de integración cultural, que propicien la conexión y el intercambio de experiencias entre personas diferentes. 

Panamá es una ciudad más que excitante y no deja en ningún momento de ser atractiva para Ailín. Lo que más se destaca es la multiculturalidad: “No hay lugar de Panamá donde no haya menos de dos o tres nacionalidades, hay gente de todo el mundo. Adaptarse es súper fácil si estás abierto a lo diferente”, explica, mientras destaca la belleza del paisaje que enamora a los turistas: “Me gusta que sea un verano eterno, las playas hermosas del mar caribe y Pacífico, el cordón montañoso que cruza el país”.

Pero vivir en el extranjero también tiene sus altibajos, principalmente a la hora de pensar en la familia. Si bien se abre un mundo completamente diferente para descubrir, las raíces en Argentina suelen generar en Ailín cierta añoranza: “Lo único que duele es estar lejos físicamente de mi familia de sangre. Pero pienso que mis abuelos cruzaron el océano a principios de siglo y jamás pudieron ver por videollamada a su familia. Hoy yo tengo eso a diario, por lo que es más llevadero todo”.

Desde Panamá, Ailín disfruta a diario de nuevos desafíos y de un paisaje soñado, mientras espera la oportunidad para visitar Argentina y compartir varios días con su familia y amigos.

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