Un reclamo con voz de mujer: aniversario de la primera marcha de Ni Una Menos

Noelia, Gabriela, María, Yesica, Elisa, Ana, Nancy, Jaqueline, Marcia, Natalia, Felipa, Viviana, Karen, Jazmín, Cintia, Micaela, Edith, Carla, María José, Ivana, Ángeles, Liliana, Belén, Úrsula. Estos son solo algunos de los nombres de las miles de mujeres víctimas de la violencia de género. Mujeres que ya no están, asesinadas solo por ser mujeres. Una víctima cada 23 horas. Una madre, una amiga, una hija, una hermana, que ya no están.

El 3 de junio se cumplieron 6 años de la creación de un movimiento revolucionario en nuestro país “Ni una menos”. Su nombre, sencillo, condena la realidad de seguir sumando números a las enormes listas de víctimas de femicidio. Una consigna que nació ante el cansancio por la violencia machista, ante la realidad del punto más cruel de una sociedad patriarcal.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Ese 3 de junio de 2015 las calles se vistieron de violeta y se llenaron de miles de mujeres de todas las edades diciendo “BASTA”. Hasta mi abuela con sus 80 años salió a la calle con un cartel que expresaba el hartazgo de toda una vida sometida a las violencias machistas.

De repente ese movimiento, heterogéneo y plural, se trasformó en una bandera de lucha año tras año. Un cambio de visión que hizo que en poco tiempo en cada hogar se pudieran reconocer y denunciar violencias cotidianas, permeando las bases de las desigualdades y transformándolas.

Impulsado por las ideas feministas con el acompañamiento de organizaciones de mujeres, derechos humanos y movimientos LGBTIQ, el colectivo “Ni una menos” se extendió luego a otros países de América Latina, como Chile, Uruguay, Brasil, Perú y México, y también llegó a Europa.

Descubrimos también, gracias a Ni una menos, distintas dimensiones de la violencia: el trabajo no remunerado ni reconocido de muchas mujeres, la brecha salarial, la discriminación a los cuerpos disidentes, y muchas otras. Una colección de asuntos económicos, culturales y políticos que necesitamos desarmar y deconstruir para combatir sus violencias. Por último y no menos importante, este movimiento dejó en evidencia la necesidad de políticas públicas que apunten a la prevención de la violencia sexista, los femicidios, y la importancia de una justicia que funcione antes de que la muerte llegue a las causas.

Un logro es la Educación Sexual Integral, que trabaja las violencias y los estereotipos de género, para que los niños y niñas puedan ser quienes generen los cambios necesarios para evitar modelos de masculinidades que maltratan y actuaciones violentas. En el IES, la ESI se aplica en todos los años, buscando un abordaje temprano y crítico de la sociedad patriarcal, con el objetivo de educar jóvenes capaces de establecer vínculos saludables e iguales. Si bien la ESI no es aplicada en todas las provincias y muchas escuelas se niegan a implementarla, es obligación del Estado y de los educadores asegurar el acceso a este derecho por parte de los alumnos y alumnas.

Florencia, Melina, Rocío, Laura, Virginia, Marta, Julieta. Cada vez que leo sobre una nueva víctima se me hiela el corazón, pero a la vez se reafirma en mí la convicción de que hay que seguir luchando y accionado para no seguir sumando nombres, y que en algún futuro todos y todas vivamos una vida libre de violencia.

image_pdfimage_print