Coordinadores de Área: funciones y desafíos en Lengua y Literatura y en Matemática

En números anteriores de Modo IES, se presentaron importantes lineamientos pedagógicos sobre el rol fundamental que cumplen los Coordinadores de Área. Este cargo desempeña funciones fundamentales para lograr un curriculum integrado. Actualmente el IES cuenta con coordinadores en las áreas que fueron diagnosticadas como las más críticas, y se proyecta la creación del cargo en otras áreas igualmente fundamentales. En esta oportunidad, acercamos la perspectiva de coordinadores que tiene a su cargo áreas troncales del Nivel Medio: Gabriela Rodríguez, Coordinadora del Área Lengua y Literatura, y César Losada, Coordinador del Área Matemática.

Ambos Coordinadores tienen varios años en el cargo, lo que permite tener un acercamiento bastante rico de las exigencias de su función, como así también acceso a una visión de conjunto de los cambios que siguieron a las tareas que realizaron. Al igual que todos los Coordinadores, Losada y Rodríguez accedieron al cargo por concurso, aunque su ingreso se dio en momentos diferentes. Mientras que Losada se desempeña como Coordinador desde la fecha de la creación del cargo en 2018, Rodríguez se incorporó tiempo después. Al respecto, Rodríguez recuerda: “Mi inicio se inscribe en un momento bisagra que atravesó la institución por dos cuestiones fundamentales. Por un lado, la necesidad de responder a las demandas de las políticas públicas, las que solicitaban de parte de las gestiones directivas líneas de acción concretas que apuntaran a mejorar las trayectorias escolares, y, por otro lado, el cambio en el Equipo Directivo. En 2018, la actual Vicedirectora, Prof. Esp. Anabella Díaz, deja la Coordinación para incorporarse al Equipo Directivo, motivo por el cual el cargo queda vacante”. La presentación que ambos realizan en sus concursos se ajustó a la función definida por el Plan de Mejora Institucional del IES.

Debido a que ambos Coordinadores ya contaban con una amplia trayectoria como docentes, los motivos que los llevaron a postularse en ese rol tuvieron con ver con las necesidades que advertían en el ejercicio mismo de la docencia de su espacio curricular. Losada evoca como una motivación central ciertos vicios que pesaban en el dictado de “Matemática”: “Me entusiasmó el objetivo de modificar anquilosadas usanzas en el área que, a mi modo de ver, no producían cambios positivos en la formación de nuestros estudiantes”. Rodríguez, por su parte, encontró especialmente interesante la relevancia del Coordinador de Área en el IES y la posibilidad de realizar un trabajo colaborativo con los docentes de la asignatura: “Dos cuestiones fundamentales definieron la iniciativa. En primer lugar, porque los proyectos de gestión del Equipo Directivo le otorgan un lugar estratégico al Coordinador de Área, como actor educativo clave de la puesta en marcha de actividades relacionadas con la gestión del currículum. En segundo lugar, porque sostengo que la coordinación es un espacio de trabajo que potencia las capacidades y la creatividad del equipo de Lengua y Literatura, lo cual redunda en una mejora de los aprendizajes de los estudiantes”.

Los pronósticos iniciales de los Coordinadores no fueron para nada desacertados, y es por eso que hoy pueden dar cuenta de los logros que resultaron de años de arduo trabajo. Las primeras y principales líneas de acción estuvieron determinadas por el Plan de Mejora Institucional. En el caso de Matemática, se atendieron a las principales preocupaciones volcadas en el mencionado documento: “Fueron varios los logros alcanzados, entre ellos, la unificación de las planificaciones por cada nivel, la dinámica de las planificaciones –adaptadas a los cambios que van surgiendo en el transcurrir del año lectivo–, las frecuentes reuniones de área que permiten compartir experiencias y material didáctico, entre otras”, explica Losada. La lista esbozada por Rodríguez da cuenta de la necesidad que había en su Área de un trabajo serio y sostenido: “En cuanto a los logros alcanzados, considero importante la construcción colectiva de documentos que orientaron y rigieron las prácticas docentes dentro del área (planificaciones comunes) y fuera del área (elaboración del “Cuadernillo de Informes” de uso institucional); el acompañamiento en la ambientación de 1° y 4° año, con el desarrollo de clases específicas y material bibliográfico propio; el establecimiento de criterios comunes para el rediseño y confección de los cuadernillos comunes de 1° a 6° año; el encauzamiento de contenidos curriculares para evitar superposiciones y áreas de vacancia; al resignificación y socializaron de los ‘Nuevos Formatos de Lengua y Literatura’, realizando durante 2019 un proyecto por curso; y el trabajo colaborativo dentro del Área”.

Las tareas desarrolladas desde la coordinación implican que continuamente emerjan nuevas problemáticas, o se adviertan nuevas necesidades y focos donde intervenir. En ese sentido, aún quedan desafíos pendientes para mejorar en cada área. En el caso de Matemática, Losada detalla: “Los desafíos pendientes tienen que ver con aceitar los mecanismos que ya están en funcionamiento pero desde hace poco tiempo, comparado con la existencia de la escuela. También quedan pendientes los mecanismos de evaluación formativa, que si bien compartimos la grilla de valoración, es implementada de manera diversa según el nivel”. Desde el Área Lengua y Literatura, explica Rodríguez, los desafíos a trabajar pertenecen al núcleo más fuerte de la asignatura: “Fortalecer el proceso de escritura de 1° a 6° año, la Alfabetización Académica y los contenidos de gramática, sintaxis y normativa, especialmente en el Ciclo Básico”.

Los cambios introducidos por la pandemia en 2020 y las frecuentes modificaciones que surgen respecto a la modalidad del dictado de clases hacen que la función de Coordinador de Área también redefina sus actividades diarias. Al respecto, la lectura que realiza Losada demuestra que el cambio más significativo se dio el año pasado, mientras que este año, el período de bimodalidad no cambió sustancialmente el ejercicio de su rol: “Hubo una resignificacion del rol respecto al 2019, por razones obvias. Esta resignificación tuvo que ver con unificar los criterios en la virtualidad: herramientas usadas en las videoconferencias, tipo de actividades del aula virtual, contenidos priorizados, manejo de grupos de contactos, respuestas a los correos electrónicos y criterios para elaborar cuestionarios y evaluaciones virtuales”. El dictado de clases de manera virtual implicó por parte de todos los docentes una reflexión sobre las propias prácticas y contenidos, y es en este aspecto que Rodríguez recuerda que la Coordinación tuvo un papel central: “El rol se amplificó, el acompañamiento a las docentes tuvo que ser más pormenorizado. Una cuestión que favoreció el recorrido tuvo que ver con el hecho de que el Área ya contaba con planificaciones y material bibliográfico común, por lo que esta cuestión permitió compartir aulas virtuales, y trabajar de manera conjunta en modalidad y tiempos. De esta forma, las trayectorias de los estudiantes fueron homogéneas”. Este año, durante los meses de bimodalidad, desde la coordinación de Lengua y Literatura se trabajó sobre los ritmos que tenía cada burbuja y la tarea del docente ante esa situación: “Se coordinó de forma más personalizada a cada profesora. Las situaciones que se plantean son diversas, por lo que se trata de realizar un seguimiento situado. No obstante, existen acuerdos de área, en cuanto a contenidos y tiempos que se sostienen cualquiera sea la modalidad”.

Más allá de las consideraciones que ambos Coordinadores realizan respecto a sus áreas, es necesario no pasar por alto que se enfrentan a problemáticas diferenciadas por asignatura. Losada emprende su tarea consciente de algunos prejuicios e ideas instaladas en el sentido común sobre la matemática como disciplina, en general, y como asignatura de Nivel Medio, en particular. Parte del trabajo de Coordinador, por lo tanto, se dirige a desarticular esas nociones erróneas, con pautas concretas de acción: “Principalmente se trata de no destacar los errores, sino los aciertos. Siempre al pensar y realizar un problema o ejercicio, tenemos pasos correctos y pasos incorrectos o, al menos, no tan correctos. Consolidar la autoaserción en la Matemática es, básicamente, resaltar los procesos que están correctos y sugerir los avances a partir de los mismos, en lugar de marcar los errores, como dictaba la old school”. La actualización tecnológica en la que es inevitable involucrarse incide, claramente, en el trabajo que realizan los estudiantes durante el aprendizaje. “Matemática” es una de las asignaturas que cuenta con distintas herramientas para acelerar pasos en la resolución de problemas, lo que en algunos casos puede atentar contra el desarrollo de ciertas capacidades involucradas en el estudio de la disciplina. El docente hace hincapié, en ese sentido, en el proceso antes que en el resultado:

Es un desafío interesante lograr la integración de herramientas actuales con los conocimientos adquiridos del alumno. Se puede hacer cuando ni siquiera nos detenemos a calcular ‘cuánto da’, sino que nos enfocamos en ‘cómo lo pensaste’. Tarde o temprano la tecnología se ocupará de todas las cuestiones de cálculo, dejando para nosotros la decisión sobre cuál de ellas usar, y tal vez un día nos sorprendamos con una tecnología capaz de decidir mejor que nosotros mismos.

En el caso de Lengua y Literatura, existen en la actualidad ideas asociadas al poco ejercicio de lectura de los jóvenes, alentado por el uso de tecnologías que se alejan del ejercicio lector. La lectura que tiene Rodríguez como Coordinadora se mantiene en continuidad con los objetivos que se persiguen en el área en relación a la actualización de herramientas. La docente explica:

Desde el área se asumen los nuevos escenarios y no se los confronta, sino que se intenta diseñar y proponer estrategias que favorezcan la lectura. Obviamente, el contexto actual subraya ‘los nuevos modos de leer’ y es ahí en donde el papel en muchos casos se resigna, pero es solo el papel, no la lectura.

En ese sentido, se debe fomentar el hábito y ejercicio de la lectura en distintos formatos y dispositivos: “Es importante sacudirse la nostalgia del ritual de la lectura y resignificarlo. Desde el área se trabaja para que las propuestas que se plantean a partir de dichas lecturas sean creativas y posicionen a los/as estudiantes también como productores de contenido”, agrega Rodríguez. La actualidad en la cual aprenden y producen los estudiantes también impacta en los contenidos curriculares de Lengua y Literatura. En particular, la perspectiva de género se hace presente en la construcción de proyectos, como “Primero las damas” para alumnos de 6° año: “En este proyecto se aborda la literatura escrita por mujeres durante el siglo XIX y XX, y se reflexiona cómo se ve limitada en un ámbito de recepción predominantemente patriarcal. La selección de autoras no puede ser abordada si no se tiene en cuenta desde qué construcción social se escribe. Es entonces donde se vuelve ineludible recurrir a ciertos conceptos: patriarcado, subalternidad, género, roles y estereotipos. De esta forma, el trabajo concomitante de la teoría junto con la elección de textos permite acompañar el Proyecto Institucional de Educación Sexual Integral desde la perspectiva de género del IES”. De esa manera, para Rodríguez se siguen dos resultados sumamente positivos para la formación de los estudiantes: “Por un lado, les permite analizar de qué forma dichas representaciones de género y roles determinaron el camino de la literatura argentina escrita por mujeres. Por otro lado, fortalece los quehaceres del estudiante escritor con la elaboración de un ensayo sobre literatura argentina escrita por mujeres”.

A partir de este recorrido presentado por los Coordinadores, resulta claro que los progresos realizados y la dirección que tienen que tomar las nuevas líneas de acción hacen que su rol sea fundamental para las trayectorias escolares de los estudiantes. Pero además, resulta fundamental para guiar a los docentes en el diseño de su trabajo y en el tratamiento de las situaciones que continuamente emergen a lo largo del proceso de enseñanza.

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