Egresados del IES hoy: Julia Plavnik y su infinita curiosidad por la matemática

Existen muchas maneras de transitar la escuela secundaria, de construir una identidad que determine los pasos siguientes. Son muchos años en los que se forja una personalidad a la luz de la exploración de intereses y de la construcción de saberes, acompañados de vínculos personales que enriquecen cada una de esas instancias. El IES no permanece ajeno a la relevancia de cada uno de esos aspectos en la vida de los estudiantes, e intenta acercar oportunidades para que se visibilicen la variedad de capacidades e inquietudes. Por esa razón es que muchos ex alumnos aún mantienen un cariño especial por el IES y recuerdan esa etapa como un momento especial en sus vidas. Julia Plavnik, Dra. en Matemática, es uno de los casos en los que el IES pervive en la memoria a través de aprendizajes y afectos personales.

Julia perteneció al IESS desde que era muy chiquita. Empezó en el Jardín de Infantes, pasó por la Escuela Primaria de Aplicación y terminó como egresada del IES en 2002 de la Orientación en Ciencias Naturales. Su paso por el IES fue decisivo para explorar su creciente interés por la matemática, llevándola, incluso, a participar con mucho entusiasmo en la Olimpíada de Matemática (OMA): “Valoro muchísimo el apoyo constante del IES. Nos ayudaron cuando tuvimos que viajar a distintos lugares, incluyendo mi primer viaje en avión para participar en el Nacional del ‘98 en Mar del Plata con mi compañera Eliana Jorquera y la profesora Silvia Guzmán. Nos acompañaron a los distintos exámenes profes como Martín Martínez, Silvia y Graciela Meraviglia, Marina Moreno, la dire Delia Isella, y nuestros papás”, recuerda Julia. Hasta el día de hoy, evoca esos días de entrenamiento y estudio en los que primaban la ansiedad, los nervios, sin dejar de contar con el apoyo constante de los docentes: “Las profes Silvia y Graciela nos ayudaban en su tiempo libre. Lo mucho que aprendí de la entrañable profe Ana Gigena con su voz dulce y abrazo estrecho no me lo olvido más, y hasta buscaron gente en FaMAF para que nos preparen. Esto me dio la posibilidad de aprender temas nuevos pero sobre todo distintas formas de pensar en los problemas, de razonar, de descubrir, de crear, de jugar mientras aprendía, de preguntar sin miedo o vergüenza”.

Por supuesto que en esas jornadas de preparación se entablaban amistades más estrechas, basadas en una experiencia común que tenía sus riesgos y satisfacciones. Esos años, para Julia, son unos de los recuerdos más vívidos: “Muchas cosas de esa época se quedaron conmigo hasta el día de hoy: el compañerismo, la alegría de disfrutar de hacer lo que nos gusta y con buena gente, el inspirarse con el éxito y la genialidad de otros en vez de competir, el saber que todos ganamos cuando a uno le va bien y que es un placer que a la gente que te rodea le vaya bien, el explorar nuevos horizontes, la gratitud por el apoyo recibido y el deseo de acompañar a otros a perseguir sus sueños”. Julia pudo cultivar esa mezcla de intereses académicos y valores individuales en otras instancias como la Feria de Ciencias. En este sentido, se destaca la figura de Silvana Casalis, ex Directora, quien alentó y ayudó a que Julia y su compañera Eli participaran de la Feria de Ciencias, instancia en la que el IES se destaca en cada edición.

La lista de lugares y personas significativas en el trayecto escolar de Julia es, afortunadamente, interminable. La profesora Marcela Pepe quedó en su memoria como una docente que le acercó algunos de sus libros favoritos, y que la ayudó a cultivar, junto a la bibliotecaria Marina Moreno, su pasión por la lectura. De la profesora María del Carmen Ingrata, Julia se llevó su rectitud, combinada con su humildad y calidez. Un recuerdo especial está reservado para los profesores de historia que le enseñaron a tener pensamiento crítico: Rodolfo Juncos, Nicolás González, Viviana Postay y Natalia Uanini. La profesora Griselda Serrone se destacó, para Julia, por crear problemas de química divertidos y desafiantes. La lista sigue con la dulzura que supo transmitir la profesora Graciela Iturria, y los desafíos de Claudia Mancoff, que le demostraron a Julia lo mucho que podía mejorar. Pero también hubo figuras que fuera del aula fueron significativas en su vida como estudiante: “Nuestra preceptora Raquel Lescano se preocupaba porque estemos bien y nos cuidaba siempre. También recuerdo los abrazos de Norma (Ormida Sosa de Zenhder) al llegar y al salir”. En estos recuerdos aparecen de manera recurrente los amigos cercanos que tuvo Julia: Guillermo Bertoni, Eli y Ariel Abed. Eli y Ariel la acompañaron en casi todas las instancias académicas, y sobre este último hay un afecto especial: “Para mí era lo mejor de nuestra promo, una persona muy especial y humilde. Era el músico, el amiguero, el que rompía el molde”. Debido a las experiencias compartidas, lograron tener una relación más parecida a la de una familia que a la de simples amigos de la adolescencia. Para Julia, ellos son una parte muy importante de su historia con el IES, al punto de que hasta la fecha siguen manteniendo esa estrecha amistad.

Finalmente llegó el día en el que Julia debía seguir otros rumbos, llevada por su curiosidad, sus ganas de explorar y descubrir: “Tenía ganas de comerme el mundo”, dice para evocar sus últimos momentos en la escuela secundaria. La decisión de qué carrera universitaria empezar no fue inmediata, ya que sus intereses eran diversos: “Me interesaba muchísimo Sociología y todavía no estaba en la UNC. Me encantaban las licenciaturas en Matemática, en física, en Química, me atraía lo social y siempre amé el arte. Pero no me imaginaba cómo sería trabajar de eso”. En primer momento, Julia se decidió por Ingeniería Química en la UTN y por la Licenciatura en Matemática en la FaMAF, hasta que fue esta última la que prevaleció: “Mientras cursaba el ingreso a Matemática me reencontré con gente que había conocido en la Olimpíada y conocí gente nueva. Charlando en los pasillos de la facu, le pregunté a Pedro Sánchez Terraf, por ese entonces doctorando en Matemática, cómo era trabajar de matemático y él me dijo que era como estudiar toda la vida, solo que uno empezaba a estudiar cosas que nadie había estudiado antes. Ahí me di cuenta que eso era lo que quería hacer: estudiar toda la vida y descubrir cosas nuevas en el proceso”.

Julia mantuvo esa pasión por el estudio de su área durante toda su carrera de grado, y más allá también. Después de recibirse en 2007, pasó un año en Holanda y tuvo más experiencias que alimentaron su curiosidad y sus conocimientos específicos de matemática: “Me dio la oportunidad de conocer más de mí, de madurar, de darme cuenta de que yo podía hacer lo que quisiera por mi mis propios medios, y elegir hacer cosas con otros porque disfrutaba de su compañía”. Con ese entusiasmo regresó a Argentina para empezar su Doctorado en Matemática en 2008, becada por el CONICET. Este fue el comienzo de sus años como investigadora, que continúan hasta el día de hoy. Al finalizar esta etapa, continuó su formación en una instancia posdoctoral en la UBA y en UNC, y luego en la Texas A&M University. Esos años fueron de mucho crecimiento, sin estar exentos de altibajos que Julia supo sortear oportunamente: “No todos los momentos de mi carrera fueron color de rosa, muchas veces me pregunté si había elegido ‘correctamente’, si estaba haciendo algo que valiese la pena. Pero siempre me quedaba la duda si era la matemática el problema o algo más”. 

Actualmente Julia es Profesora Asistente en la Indiana University (Bloomington, EEUU), un cargo en el que desempeña desde agosto de 2018. A la hora de explicar su tema específico de investigación, Julia se ocupa de dejar de lado ciertos prejuicios que pesan sobre la disciplina: “Cuando digo que soy matemática mucha gente me dice que debo ser una bocha para los números, pero la verdad es que en mi día a día yo no trabajo casi nunca con números. Mi tema de investigación se encuadra en álgebra, un área de la matemática que involucra manipular letras y estructuras abstractas siguiendo ciertas reglas. Mi investigación se centra en entender estructuras en las cuales el orden de los factores sí afecta el producto, contradiciendo lo que uno aprende en la escuela”. Este tipo de álgebras, explica Julia, se aplica en la física cuántica, una rama de la física que estudia el comportamiento de objetos del tamaño de un átomo. Esto se conecta particularmente con los modelos matemáticos utilizados en computación cuántica, cuyo objetivo es construir computadoras mucho más veloces y potentes que las actuales. Es ese trabajo interdisciplinario lo que más la entusiasma a Julia a la hora de investigar: “Algo que me encanta de este tema es que está conectado no sólo con la física cuántica sino también con muchas otras áreas de matemática, lo cual me permite aprender de muchos temas y colaborar en proyectos con mucha gente”.

La investigación va acompañada, en el caso de Julia, de la docencia, un trabajo por el que siente una gratificación particular: “Es hermoso ser testigo de la emoción de un alumno o una alumna cuando una idea le hace click, de la alegría cuando descubre la solución de un problema por sí mismo/a, de acompañar en el proceso de aprendizaje”. Julia es profesora de estudiantes de grado y posgrado, además dirige a un estudiante en su trabajo de doctorado, y forma parte de actividades en el marco de la academia: “Soy mentora en algunos grupos de mi universidad, por ejemplo el Club de Mujeres Matemáticas y el programa de mentores-pares de estudiantes de doctorado”. Al igual que lo hacía durante la escuela secundaria, Julia disfruta especialmente de construir conocimiento en grupo, con pares o alumnos. Este aspecto es determinante en su carrera de investigadora, ya que se trata de una ocupación que suele llevar a trabajar en soledad: “Si bien la mayoría de la gente se imagina a los científicos como gente solitaria, yo disfruto mucho de discutir e intercambiar ideas con otros. Muchos de mis colaboradores son para mí amigos”.

A varios años de egresada de la escuela secundaria, habiendo recorrido el mundo con sus investigaciones en matemática, Julia reflexiona sobre los prejuicios y preconceptos que existen alrededor de la disciplina. Debido a que se trata de una asignatura esencial en el trayecto pedagógico escolar, sus opiniones resultan interesantes desde el punto de vista docente: “Me parece muy importante empezar a desterrar ciertas ideas de que la matemática, la tecnología, o la ciencia están reservados para ciertos grupos. Creo que es importante replantearnos cómo enseñamos matemática y qué enseñamos de matemática. Necesitamos ser capaces de mostrar la belleza y lo divertido que puede ser aprenderlas. Muchas veces el foco está en memorizar fórmulas y repetir problemas del mismo tipo en lugar de entender de dónde vienen las fórmulas, cómo deducirlas, por qué son importantes, y qué tipos de problemas se resuelven usándolas. El poder transmitir cómo la matemática y el pensamiento lógico aparecen en muchísimos ámbitos de la vida, mostrar el aspecto más lúdico y creativo del proceso de razonamiento, son puntos cruciales para que cada vez más gente se interese por estos temas en lugar de sentirse intimidada o asustarse”.

Hoy en día Julia reconoce que el recorrido que realizó, y el que continuará realizando, es posible gracias al acompañamiento de su familia, la heredada y la que formó. Desde hace seis años Julia está casada y tiene una hija de tres años a la que, por supuesto, ya acercó al mundo de la matemática, no solo a través del juego sino también llevándola con ella a algunos eventos científicos.

En el recorrido que traza Julia se advierte un marcado entusiasmo por aprender y por formarse, por expandir las fronteras de su curiosidad. Ese camino emprendido en el IES en su temprana adolescencia seguirá su curso bajo la forma de una labor científica constante.

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