Reflexiones sobre un nuevo aniversario de Villa Carlos Paz: ¿De dónde venimos los Carlospazonzos?

La ciudad de Villa Carlos Paz posee una historia intensa y una idiosincrasia muy particular que la convierten en única. Podría sintetizar un pensamiento que vengo amasando desde hace años, indagando entre mis vecinos de todas las edades y estratos sociales, y es que esta ciudad, ya centenaria, es una mini Argentina a escala. Si hasta su lago, visto desde el cielo, se parece al mapa que pintábamos en el cole. Si alguien se animó a ironizar diciendo que los argentinos venimos de los barcos, pues los “carlospazonzos”, ¿de dónde venimos, si no es alguna mudanza más o menos reciente?

Más allá de un mínimo grupo de familias con un linaje anclado en tiempos de la colonia o de los Pueblos Originarios, la inmensa mayoría vinimos (o nos trajeron) de otros lares, por motivos de paz, pan, trabajo, salud o aventura, en tiempos relativamente recientes. Esta característica aluvional y cosmopolita, le otorga fortalezas y debilidades, casi por partes iguales.

A saber.

La mezcla de origen de sus habitantes y su variopinto tejido social, le da una dinámica especial y progresista, que se puede apreciar si la comparamos con localidades serranas cercanas, que parecen detenidas en el tiempo. A la vez, esa “macedonia” de provincialismos, tonadas y estilos de vida diferentes, dificulta la tarea de obtener (o desarrollar) una característica propia, una identidad que le sirva, a la vez, para defender y conservar su patrimonio.

Cómo seremos de particulares que no tenemos fecha exacta de nacimiento. Múltiples hipótesis planteaban diferencias en “el año”, aunque ninguna discute la fecha del 16 de julio. En 1964, al superar las 10.000 almas, el intendente Anselmo Peláez organiza los festejos de paso de pueblo a ciudad, y dictamina como año de fundación a 1914, en base a un plano que hay en el municipio. Se crea una comisión de festejos del cincuentenario dónde participa el entonces cura párroco Carlos Santarosa, que sugiere que el día de fundación del pueblo se fije el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, patrona del pueblo. De esa raíz religiosa nadie se animó a salir, pero durante mucho tiempo se siguió discutiendo en que año “nacimos” como colectivo.

Pasó el tiempo. Pasaron las intendencias. Aparecieron los primeros historiadores. Ante las dudas que generaba ese año del Señor 1914, elegido por Peláez, el Intendente Carlos Felpeto, ya en los años 80, encarga a la Junta Provincial de Historia (uno de sus miembros es el historiador local Edgardo Tantera) que determine la fecha real de la fundación. Dicha Junta llega a la determinación que el año “debería ser” 1913 por un plano que se encuentra en los archivos provinciales.

Ya teníamos nueva fecha para sumar a nuestra duda existencial ciudadana.

Mientras tanto, otros historiadores como Ezio Armando Carena, Aldo Perfeniuk, Pedro G. Moral y miembros de la Casa de la Historia de Carlos Paz (ya desaparecida), sostenían la teoría del año 1921, teniendo en cuenta la mensura de la estancia Santa Leocadia de la Familia Paz. Y hasta surgen dudas acerca de si quiso o no quiso Don Carlos Nicandro que su estancia se transforme en Pueblo Carlos Paz. Digamos que a este lugar se lo conocía como paraje Los Puentes, por sendas obras contemporáneas con el Dique del Siglo XIX, el que originó el lago San Roque. Esos puentes eran el Central (hoy Puente Carena) y el Negro (hoy ocupado por los pescadores en Villa del Lago).

Lo cierto y documentado es que Don Carlos Nicandro Paz, secundado por su compañera, la italiana Margarita Avanzatto, en 1910, donan los terrenos para levantar la escuela Fiscal San Roque que hoy lleva su nombre, para educar a sus numerosos hijos y a la prole de los puesteros de su estancia. Pues, para donar un lote de terreno, necesariamente tiene que haber un plano, que no aparece y que si lo hiciera agregaría más confusión a la historia.

Matrimonio Paz y parte de sus hijos

Si a esta altura queda alguien leyendo, si no se aburrieron aún, cierro este intríngulis diciendo que ya en tiempos cercanos, en la intendencia de Esteban Avilés, se termina de sellar el tema con los coloridos y rutilantes festejos del Centenario de Villa Carlos Paz, el 16 de julio de 2013.

Tema cerrado, pasado, pisado y sellado.

Si la matemática que aprendí en el legendario IES (de la mano con tiza de La Ingratta, La Edith García, La Rondot) no me falla, estamos para festejar algo así como 108 años de vida citadina. Con todo lo expresado, en ráfagas de historia y datos duros, solo me queda trazar pinceladas en otros tópicos, en los que siempre he metido la nariz, por mi profesión de camarógrafo, fotógrafo, recopilador y curioso.

Puede ser en su entorno natural, bastante deteriorado por cierto. En su nuevo y ampliado ejido, que es todo un desafío a resolver juntos. Podría ser en escribir sobre sus Instituciones, que también nacieron, crecieron y sobreviven, algunas como pueden. La Municipalidad, el agua corriente, el cuartel de bomberos, la biblioteca Porto, la hotelera, agrupaciones comerciales, la telefónica, los clubes, los colegios, mutuales, el transporte. Todo lo que hoy disfrutamos en materia institucional no existe porque sí. Todo se generó por obra y gracia de personalidades tesoneras que se cargaron los problemas al hombro y tras vueltas, esfuerzos y reuniones plagadas de discusiones, los devolvieron como soluciones con forma de Instituciones.

El Instituto de Enseñanza Secundaria, por caso, donde estamos contenidos leyendo esto. Nació de una necesidad imperiosa de gente comprometida con la educación de sus hijos, para evitar viajes largos y peligrosos a Cosquín o a La Docta. Aquellos primeros docentes eran profesionales de diferentes rubros que se pusieron el “guardapolvo” por ausencia de profesores con título. Lo hicieron como les salió, pero con pasión y compromiso, y por años “gratarola”. Llegué a disfrutar de varios de Ellos en los años 80. Los nombres son conocidos por acá y los dejo para algún futuro artículo.

Hace varios años, me desvelan otros tema más abstractos, y voy tras ellos en mis investigaciones periodísticas, en mis reportajes: ¿Cómo somos los ‘Carlospazonzos? Aclaro que este neologismo intenta ser simpático y no peyorativo, fruto de un apéndice que estoy compilando para el “Manual de las Zonceras Criollas” de Don Arturo Jauretche.

¿Ya existe el prototipo del “Carlospazonzo”, del habitante de esta Villa? ¿Tenemos ya una identidad ¿Nos interesa como colectivo tenerla? ¿Ayudaría ese orgullo de ser o habitar esta ciudad a fortalecer nuestras Instituciones o preservar nuestro Patrimonio?

Las respuestas que obtengo a estos interrogantes son variadísimas, muy jugosas y se condensarán algún día en algún audiovisual que estoy debiendo.

Aquí nací, hace bastantes años. De aquí también son mis hijos Renata Luz y Santiago León. Somos ya más de 90.000 almas, según me apunta Marta Zilli (otra ex alumna del IES), Directora del Registro Civil, aunque los censos no se hacen hace rato. Intuyo que somos más. Ni hablar de la población semi estable de los veranos. Ni del aluvión de turistas a los que hay que atender y dar comodidad y servicios.

Vuelvo en reflexiones a ese año 1964 en que nos declaraban ciudad. Según nos supo contar por EncuentroS Don Anselmo Pelaez, la palabra “Villa” quedó en el nombre de nuestra ciudad por una encuesta que hizo hacer con maestros de ese momento. Ganó la “Villa”. Queríamos seguir siendolo quizás, a pesar del progreso huracanado que ya se preveía. También eso quedó claro y plasmado en el Plan Estratégico de la Villa de 1995, y en la Convención Constituyente que nos legó la Carta Orgánica, en los 2000 y pico. Está plasmado en su preámbulo. En ambos momentos fui testigo, trabajando con mis cámaras.

Nos gusta ser centenarios, progresistas y pujantes, pero nos negamos a que la ciudad pierda del todo esa estampa bucólica de villa serrana. La difícil coyuntura planetaria, brava para la raza humana toda, nos esta brindando, acaso como único beneficio, la posibilidad de bajar un cambio y auto examinarnos, como Personas, como Sociedad.

¿Sabremos aprovecharlo?

La identidad y el amor por el terruño donde lanzamos el primer suspiro o bien el elegido para vivir y dar el último aliento, nos otorga un plus de posibilidades para mejorar los “asuntos de todos”. A no ser que pensemos que el “salvarse solo” es la opción.

En EncuentroS hace más de tres décadas que me ocupo, junto a Eldor Bertorello, de rescatar la historia, los paisajes y la gente de aquí, plasmarla en tv, en radio, en webs, en prensa gráfica, y últimamente en redes sociales. Este espacio digital Modo IES va en ese mismo sentido, en otra escala institucional. Ambos canales comunicacionales nacieron para “conocernos”. ¿Cómo amar o cuidar lo que no se conoce? Pienso que es por acá.

Al rescate de nuestra identidad y de nuestro patrimonio le dedico estas líneas que me encarga el Cole que me instruyó, con la esperanza y el anhelo de contagiar con mi entusiasmo a otros, varios.

La Villa cumple años entonces, el IES está en un aniversario redondito y la acompañó en mucho más de la mitad de esa centuria. A seguir escarbando en nuestro pasado, con la atención y la solidaridad puesta en este presente difícil, y la mira y el planeamiento enfocados lo más firme y claro posible en el futuro, que como decía el Flaco Spinetta, siempre es mejor.

Mañana es mejor.  

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