“Con los pelos de punta”: alumnos de 3° año escribieron microrrelatos de terror

La escritura de microrrelatos de terror surge del Proyecto Institucional “Con los pelos de punta”, dirigido a alumnos/as de 3° año. En dicho proyecto, los estudiantes, luego de distintas instancias de trabajo y producción, culminan con la elaboración grupal de Cortos de terror. Debido a la situación actual de pandemia y a las distintas mediadas en los protocolos escolares, el Proyecto debió modificarse sustancialmente en una de las facetas de trabajo: la escritura de Microrrelatos de terror.

En ella, los lectores se encuentran con un texto que, por su estructura de brevedad, exige que esté atento, ya que hay una economía extrema en la construcción de los personajes, climas escenarios y hechos; y lo que sorprenderá en ellos es el giro narrativo al final obligando al lector a volver sobre él, a revisar su hipótesis e interpretaciones. Pero también se adentrará en el miedo: emoción intensa y tan antigua que acompaña al hombre desde sus inicios, porque las historias de terror atraviesan todas las épocas y conforman gran parte del acervo folclórico de todas las culturas.

Les presentamos a continuación las producciones de Microrrelatos de terror de alumnas de 3° año B: Sofía Requena y Mailén Pazos, Ludmila Arias y Micaela Cotella. Algunos rondan lo sobrenatural, otros lo social y aquellos más osados incursionan en el miedo interno, el psicológico. Cada grupo y estudiante se enfocó en aquel miedo que le pone “Los pelos de punta”.

La bata blanca

Por Sofía Requena y Mailén Pazos

Ahí estaba yo, sin rumbo. Acompañada solo de la luz de la luna. Mis propias sombras merodeaban cerca de mí. No sabía qué hacer. Mis manos cubiertas de sangre, mi madre echada en el suelo. A metros de mí, un hombre afilaba un cuchillo. Su mirada penetraba mis miedos. Cada paso que daba, retumbaba en mi mente. Mis latidos se aceleraban, y…de repente, escuché: “Ya es hora de dormir” Y todo, se acabó.


Deseo

Por Ludmila Arias

Estábamos sólo nosotros dos en el parque. Estaba cerrado por ser de noche. Salté la valla y le ayudé a cruzarla. Solemos hacerlo cada 13 de cada mes, cuando cumplimos nuestro mesario.

A la luz de las velas, hice un picnic sorpresa, traje sándwiches, un pote de helado de su sabor favorito y el vino que tanta ama. Decidí llevar una radio y escuché cómo ponían la canción de nuestra primera cita. Me levanté y tomé su mano para invitarla a bailar. Noté que tenía frío. Le di mi sacó y bailamos lentamente. Apoyé mi nariz en su cabeza, me sentía feliz. Podía percibir el frío anillo de su dedo anular.

Eran tan solo las 3:00 de la mañana. Estábamos acostados. Ella apoyada sobre mi pecho miraba las estrellas y vimos pasar una estrella fugaz. Tomé su mano y le dije:

-Todo el mundo dice que ésta es mi hora y estar acá con vos mirando las estrellas y a esta hora…- Una lágrima resbaló por mi mejilla-. – Solo desearía que tu padre no te hubiese castigado, por haberlo desobedecido y que ahora estés aquí conmigo…

– ¡¿Por qué desenterraste a mi hija?!- gritó- arrebatándome el cadáver de mi prometida.


Un día rutinario

Por Micaela Cotella

Sonó la alarma de las 9 indicando el horario en el que ella se levanta y sale del dormitorio.

En la casa inundó el olor a café y tostadas. Estaba en la cocina. Luego regresó a la sala de estar, encendió el televisor y empezó a ver su programa favorito. A las 10 terminó el programa. Ella tomó sus cosas y salió…dejando silencio.

En ese momento, empujé la pared y salí.

Solo soy un loco, en tu pared que te observa, día a día, y espera la oportunidad de ver tu sangre correr por el suelo de esta casa, nuestra casa.

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