“El día cándido”, de Lola Montero: relato presentado en el concurso “El IES en tu memoria”

Aquí queremos compartir otro de los relatos que escribieron nuestros alumnos y alumnas para participar del concurso “El IES en tu memoria”.

Hay situaciones de la vida que muchas veces se resignifican y adquieren otra entidad según el momento en el que se hayan producido, o, por ejemplo, dependiendo de con quién hayamos estado. En esta oportunidad Lola Montero, de 2° año C, nos invita a emocionarnos y revivir una experiencia mágica durante una fría mañana de junio.

El día cándido

Hace algunos días, no recuerdo a ciencia cierta cuándo, sucedió un hecho inexplicable.

Era un congelado día de invierno, y como todos los días, me dispuse a conectarme a las clases virtuales. Esa mañana, Carlos Paz languidecía bajo un manto espeso de nubes grises que estaban dispuestas como guirnaldas sobre el triste cielo, formando una atmósfera transparente y apagada. Entré al aula virtual de Lengua y presioné sobre el botón de la videoconferencia. Saludamos a nuestra profesora con cierto dejo de sueño en nuestras jóvenes voces, porque eran las siete de la mañana de un miércoles y ya no había tantas ganas de seguir en pie por parte nuestra.

A media mañana, nuestra profesora anunció entusiasmada que ya era hora del recreo con un eco de sorpresa en las palabras que emitían sus labios. Quién sabe, qué sabía nuestra adorada profe de Lengua, que nosotros no. Apagué la cámara y decidí averiguar esa sorpresa que parecía estar esperándonos. Me coloqué mi piloto más grande y abrigado sobre mi pijama de unicornios para ir a admirar el vigoroso paisaje matutino, y al salir entorné mis ojos con estupor: ¡Todo estaba nevado! Tan nevado, se podría decir que hacía décadas que semejante hecho no se manifestaba en nuestra ciudad. Inmediatamente y sin pensarlo dos veces, corría feliz por la nieve, mientras mis mejillas palpaban el intenso frío y mi roja nariz recibía varapalos del viento sobre mi rostro. En una de mis aventuradas ideas, decidí saltar, tropecé y caí sentada en la nieve. Me reí como nunca, parecía una cascada de emociones imposibles de explicar con palabras. Aquel día quedó grabado como una indeleble memoria en mi caja de recuerdos de secundaria.

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