“La noche que empezó de nuevo”, un cuento escrito por alumnos a través de WhatsApp

Durante el año 2020, en la asignatura “Lengua y Literatura”, los alumnos que por entonces cursaban 2° año D hicieron una producción escrita colaborativa de un cuento con el fin de dar un cierre grupal a un año tan difícil y acortar las distancias de las clases virtuales. La producción se realizó a través de WhatsApp, con la coordinación de la docente a cargo, la Prof. Cecilia Tropiano.

En esta oportunidad, acercamos la producción realizada por los alumnos Lautaro Bermúdez, Joaquín Giménez, Enzo Soilán, Lucas Cledón, Azul Giambenedetti, Leonel Anguera, Vicente Musso, Mora Engerlani, Victoria Ludmila Bordolini González, Sofía Pazzi, Lara Bessi, Jana Bosio, Joaquín Kael Coello Miño, Pedro Frizza, Sofía Di Pietro Cartia, Danna Cabrera, Rocío Diez, Franco Grosso Berioli, Joaquín Zárate Ravera, y Jeannette Nicole Lang Múrua.

La noche que empezó de nuevo

Hace muchos años en una isla del Caribe sucedieron cosas extrañas. Cuenta la historia que en una antigua cueva aborigen vivía una chica llamada Mía. Ella era muy aventurera y había elegido vivir allí para explorar la isla.

Un día, Camila decidió salir a explorar el mar con su velero y llegó a la isla caribeña donde vivía Mia. Ni bien puso los pies en la arena logró ver una fogata. Para su sorpresa, se encontró con Mia. Se saludaron con alegría y se hicieron amigas.

Mia y Camila comenzaron una hermosa amistad. Dia a día recorrían la isla y exploraban todo lo que iban encontrando. Estaban fascinadas con el lugar. Una tarde llegaron dos chicos en una balsa de madera. Mía, muy atenta, fue y habló con ellos. Al rato descubrió sus nombres David y Hernán. Ella muy feliz decidió invitarlos a acampar. Camila no estaba muy contenta con la idea, pero fue igual para hacer feliz a su amiga. Se instalaron e hicieron una fogata. Estuvieron allí hasta la noche y, luego, todos se fueron a sus tiendas de acampar.

Camila y Mía empezaron a escuchar ruidos muy fuertes. Enseguida pensaron: ¡el viento! Pero, igual, salieron a investigar. Al salir se dieron cuenta que no había viento. Pensaron que justo había dejado de soplar pero, de golpe, ¡paf!, otro ruido muy fuerte. Al darse vuelta vieron un monstruo enorme y salieron corriendo asustadas. Al llegar a sus refugios despertaron a sus nuevos amigos para contarles lo sucedido.

David les dijo: debemos buscar la mejor forma de escapar

Hernán, muerto de miedo, contestó: mejor corramos hasta llegar a la orilla y alcanzar nuestras balsas.

Los cuatro comenzaron a correr despavoridos. Estuvieron corriendo una hora hasta que se dieron cuenta que el monstruo había desaparecido. Cansados, se acostaron en la arena y se quedaron dormidos sobre los restos de un barco que había naufragado.

Al día siguiente se percataron de que el barco en el que acamparon se estaba comenzando a hundir. Esto hizo que no tuvieran otra alternativa más que volver a tierra firme, querían buscar otro escondite para ocultarse, aunque no iba a ser tarea fácil.

Decidieron hacer un refugio bajo tierra. Se repartieron las tareas. Las chicas empezaron a cavar y los chicos fueron a buscar troncos para hacer el techo del refugio. Mia y Camila con unas piedras chatas improvisaron unas palas para cavar, pero cuando encontraron piedras tuvieron que pedir ayuda a los chicos para ordenar las piedras.

Hernán y David, luego de acomodar las piedras, pusieron troncos y los ataron con ligas naturales para darle unión y fuerza al techo. Después, tiraron tierra arriba para que el refugio quedara camuflado.

Bien entrada la noche se escucharon los mismos ruidos pero no le dieron importancia porque estaban bien camuflados. Sin miedo, pasaron varios días hasta que descubrieron que el famoso ruido era el paso del viento por un cañadón que daba al océano. Por eso, algunas noches se escuchaba ruido y otras no.

Al descubrir que no era un monstruo todos empezaron a preguntarse porque ellos lo habían visto si no existía. Tuvieron una larga charla en la cual hablaban de posibles opciones que podrían haber ocurrido. Terminaron de hablar y se escuchó un helicóptero que los fue a rescatar, ellos no entendían nada hasta que llegaron al hospital.

En el hospital, fueron revisados por diferentes especialistas (médicos clínicos, psiquiatras, neurólogos, etc.) que trataron de buscar y dar una respuesta racional a todo lo narrado por los jóvenes. Escucharon y analizaron sus diferentes experiencias, compartieron emociones, reflexionaron sobre sus temores y vivencias, etc. Nada resultó. No encontraban alguna explicación racional.

Cansados de buscar explicaciones, Mía les propuso volver a la isla con más gente y otros recursos para comprobar y sacarse las dudas lo que habían vivido. Se pusieron en busca de otros compañeros que se animaran a vivir esta experiencia.

Luego de unos días, emprendieron viaje hacia la isla sin saber que el regreso también iba a ser muy complicado.

El bip bip de la alarma interrumpió la experiencia.

¡Qué! ¿Todo había sido un sueño? No podía ser. Ella lo había vivido y el miedo todavía corría por sus venas. Sin entender lo que sucedía, preparó su desayuno y a cada instante siguió buscando respuestas. Buscó sus cosas y salió como cada mañana caminando a la escuela. Al llegar se encontró con Camila. Sus miradas se cruzaron y no fue necesario decir nada más. La experiencia no había sido sólo un sueño.

image_pdfimage_print