“Afuera era lindo”: relato de Alma Nicollier, participante de “El IES en tu memoria”

Ya hemos notado en más de una oportunidad que este año y medio de pandemia ha levantado un muro –no tan invisible– entre lo que vivimos hasta marzo del 2020 y todo lo que vino después. Cuando relatamos alguna vivencia, por simple o pequeña que sea, la ubicamos temporalmente a partir del muro que separa los recuerdos entre antes y después de la pandemia. Y todo lo sucedido en ese antes se resignifica de formas nunca esperadas o fáciles de prever. En este relato, que también participó del Concurso El IES en tu memoria, Alma Nicollier, de 6°A, nos invita a recorrer una galería de recuerdos que, si bien se dieron en espacios reconocibles y que podría parecer que son los mismos de siempre, están separados por este muro que transforma las vivencias como si se tratara de un caleidoscopio.

Afuera era lindo

Fotografía de Valentina Favalessa

Se acumulan los recuerdos de los recreos de invierno en el patio de árboles, el último año normal en el colegio, en donde a principios de junio los canteros y el suelo estaban repletos de hojas amarillas. Nunca faltaba el café en mano a las 8:55 del primer recreo, cuando sentías que entraba el frío por la nariz y los pies, sin embargo, ese vapor caliente y dulce hacía que todo se concentrara ahí; las tres camperas puestas sobraban, porque a las nueve ya pegaba el sol en el cantero rojo.

Siempre hubo una amiga a mi lado, acompañando cada momento de charlas que se extendían porque ninguna quería volver a la rutina que seguía después, hasta que alguna preceptora nos decía: “Ya es hora de volver”, con cara más de lástima que de firmeza por no permitirnos estar más tiempo.

Afuera era lindo, porque por más frío que hiciese el propio calor de los momentos lo hacía todo transitable.

Afuera era lindo, porque, aunque no hubiera palabras, la música en los auriculares seguía uniéndonos.

Afuera era lindo, porque por más que no hubiera gente, nunca hubo silencio y sin embargo, había paz.

Afuera era lindo, porque siempre sobraban risas, porque nunca estuve sola, porque nunca faltó calor en las mañanas frías, porque todos esos detalles tan simples demostraron que nunca faltó nada.

El frío era lindo. Siempre fue lindo.

Afuera era lindo.

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