Ricardo “Richi” Gudiño: in memoriam (1997-2016)

A cinco años de su triste y pronta partida, Modo IES recuerda a nuestro querido egresado de la Orientación en Economía y Administración, Ricardo Gudiño, conocido por todos como “Richi”. En esta oportunidad, conversamos con su mamá, María Amelia Herrera, quien también es parte de nuestra familia y se desempeña como docente y miembro del Equipo de Orientación, para perpetuar el recuerdo de uno de los estudiantes más queridos de la escuela.

El 18 de octubre de 2016, Richi falleció producto de un accidente de tránsito y pasó a formar parte de la memoria de quienes tuvieron la suerte de tenerlo en sus vidas. Sus padres son quienes recuerdan a diario cada detalle de su personalidad, y sus amigos no dejan de acompañar ese sentimiento de haber tenido cerca a alguien muy especial.

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Brenda Contreras:

Richi era el ser más bueno que conocí en mi vida y lo digo sin exagerar. Lo puede acreditar cualquiera que haya tenido el placer de conocerlo. No tenía maldad, no la conocía, siempre alegre, dispuesto a ayudar, sacando una sonrisa hasta en el peor día. Fue mi primer gran compañero, cómplice, mi primer gran amor. Me acuerdo el día que me pidió que sea su novia, era el mismo día de su cena de egresados. Él aprovechó el look formal para hacerme la pregunta, yo estaba encantada. Esa noche me dormí tranquila para al otro día despertarme y tener un mensaje de él que decía “No te asustes pero ayer me caí y me hice puntos en la ceja”, así que más rápido de lo que me había imaginado, terminé yendo a su casa para ver cómo estaba. Me acuerdo que me moría de vergüenza, pero la verdad es que no tenía necesidad porque fui más que aceptada. Le agradezco a él por dejarme ser parte de su vida y por esa sonrisa eterna que siempre va a estar en mi corazón.

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Para María Amelia, Richi sigue siendo parte de su vida, aunque de una manera diferente: “Nunca va a dejar de ser”, comenta. Describir a su hijo no es una tarea muy difícil, porque las características que lo componían, estaban a la vista de todos: “Siempre fue una persona sumamente cariñosa, que nunca le costaba expresar lo que sentía, ni con las palabras ni con sus actos. Él no tenía problema: te abrazaba, te besaba, te decía cuanto te amaba siempre”, evoca María Amelia. La alegría, expresada en su amplia sonrisa, es lo que identificaba a Richi, un adolescente que disfrutaba por igual el tiempo que pasaba con sus amigos como el que compartía en una simple cena con sus padres y su novia. Era inusual verlo de malhumor o enojado, ya que prefería distanciarse de las situaciones que lo dañaban o no le hacían bien.

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Constanza Bellini:

Era de esas personitas que ya no hay. Transparencia, alegría, simpatía, paz, son palabras que lo definen. Ojalá la vida me hubiera permitido compartir más tiempo con él pero por algo se dio así. Insisto en que no era parte de este mundo, no correspondía acá, era demasiado único para ser tan real. Transitamos desde la primaria juntos y no tengo ni un mal recuerdo de él. Hoy estoy muy agradecida con la vida, por poner esa personita en mi camino, un amigo ideal, el más leal, sincero y honesto. Gracias universo por regalarme momentos increíbles al lado de un ser que transmite tanta paz. Me acuerdo que el mundo iba en mi contra (o yo contra el mundo) pero él seguía firme a mi lado. Me aceptaba y quería en cada una de mis etapas y rebeldía. Me acuerdo que yo entraba al curso gritando, toda loca, y él con su paz me decía “Coti, deja de gritar son las 7.30 am recién” (y me abrazaba). Pobre, lo re mil estresaba de temprano, pero él siempre queriéndome así. Es de las cosas más lindas de mi paso por el IES.

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Su paso por el IESS inició con su formación en el Jardín de Infantes, siguió por la Escuela Primaria de Aplicación y culminó en el IES. Para María Amelia, esta institución es mucho más que un lugar de trabajo, es el espacio que guarda un recuerdo de Richi en cada rincón: “Esta escuela para mí es como estar con él todo el tiempo”. Su conducta era muy buena, nunca tuvo amonestaciones y tenía las materias al día para no llevarse ninguna: “Los profes siempre venían y me resaltaban su afecto, o me decían ‘es un señor’”, subraya María Amelia. Era un estudiante más bien de bajo perfil, que se llevaba muy bien con sus compañeros de curso y no se demoraba en ayudar a quien lo necesitara.

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Lucas Martínez Díaz:

Richi era re bueno, muy compañero, muy leal, era increíble. Amante de las motos. Era ese tipo de personas con las que uno se podía sentar a charlar de cualquier tema porque tenía una mente muy abierta. Era mucho más que un amigo, era como un hermano.

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Los vínculos más significativos de Richi también nacieron del IES. Su novia, Brenda Contreras era estudiante del IES, al igual que los amigos con los que iba “para todos lados”: Walter Gómez, Néstor Cáceres y Lucas Martínez Díaz. De estos últimos, María Amelia tiene un recuerdo muy particular, que no deja de arrancarle una sonrisa aún años después. En 5° año, tuvieron que preparar para la asignatura “Música”, dictada por el profesor Cristina Pagés, un videoclip, y lo hicieron poco antes de la fecha de entrega: “Ni siquiera buscaron a una chica para que haga el papel femenino. Ese día estaba yo en casa y me pide un pañuelo. Se pusieron un pañuelo marrón de peluca para hacer de figura femenina. Después me pide que los filme. Yo no podía filmarlos porque me temblaba el pulso de la risa”. Para María Amelia y su esposo Ricardo, ese video es la forma más rápida que tienen de conectar con la alegría de Richi: “Ese video nos hace reír tanto que lo poníamos diez veces por día para reconectarnos con eso que era él, la alegría, el pata dura”.

En su tiempo libre, Richi disfrutaba del básquet, del softball y de estudiar inglés. Pero su verdadera pasión era la moto, un placer que compartía con sus padres. Era habitual que saliera con Ricardo, su papá, a andar fuera de la ciudad con Chimuela, su moto. Hoy en día, el amor que tenía por Chimuela está retratado en la moto de su papá, con un ploteado especial en memoria de Richi. María Amelia recuerda la cercanía con su hijo en muchas instancias más, hasta en detalles que eran propios de la rutina. Más de una vez, mientras ella se bañaba, Richi le gritaba “Aprender a volar, ma”, para solicitarle que sea la próxima canción de su repertorio de ducha. Es una canción que los unía desde que él era muy chico, cuando tuvo que prepararla para cantar en un acto y María Amelia lo ayudó con la interpretación.

La partida de Richi le permitió a su mamá recordarlo a partir de lo que dejaba en este mundo: “Fue alegría, risa, levantar a las personas cuando estaban caídas, escuchar a sus amigos cuando lo necesitaban, retarlos cuando se estaban mandando una macana”. A partir de ese momento, para ella y para su esposo, surgió un imperativo: “Nuestro hijo es esto, nosotros tenemos que mantener eso como podamos. Y en eso estoy”.

En cada jornada laboral, María Amelia tiene la oportunidad de reencontrarse con Richi en el IES: “Para mí estar en la escuela es como respirarlo, en los pasillos, en el patio, en las aulas. Toda su historia está acá”. Entre las pertenencias de Richi están guardadas con mucho cuidado las “credenciales” de su paso por el IES: su uniforme, la campera de Sexto y hasta el carnet de la biblioteca. Pero esos objetos dicen tan solo una parte, mientras que el resto de lo que Richi fue y sigue siendo está en el amor que dejó en aquellos con los que compartió su vida.

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