“El IES en mi recuerdo”: un relato muy especial de Víctor Hugo Lovino para el concurso “El IES en tu memoria”

Quienes formamos parte del IES y nos movemos por sus pasillos sabemos que es una institución grande. Y no lo decimos sólo porque ir “de una punta a la otra” implique caminar unos cuantos pasos para poder recorrerlo. Es grande porque sus raíces son profundas y se hunden con firmeza para arraigarse como la primera escuela secundaria de Villa Carlos Paz y es grande porque se extiende más allá de sus cuatro paredes en los ecos de egresados que recuerdan con cariño y gratitud a esta institución que supo cobijarlos. Pero nuestro IES siempre nos tiene guardadas gratas sorpresas. En esta oportunidad Víctor Hugo Lovino quiere recordar al IES que extendió sus brazos y lo cobijó aun cuando él no recorrió sus pasillos, ni escuchó los timbres de sus recreos ni escribió en sus pizarrones. La solidaridad y la generosidad sin fronteras marcan este recuerdo.

El IES en mi recuerdo

Corría el año 81, yo me había recibido de Técnico Minero en la escuela de Minería cerca de Alta Gracia. Y ustedes se preguntarán qué tendrá que ver esto con el IES.

Mucho, porque desde hacía algunos años me venía relacionando con alumnos de mi misma camada pero de la Villa, ya que había estudiado lejos pero mis amigos estaban cerquita de casa.

Y así es que me vinculé con la promoción 81 “El científico”, compuesta por Miguel Cuenca, Pablo Muñoz, Jorge Rubiolo, Daniel Ledda, Jorge Berra, Oscar Gontero, Yania Salanueva, Estela Laurent, Graciela Bustos, Cintia Del Turco, Cintia De Bruno, Gisele De Bruno y otros.

Pero ese año hubo algo especial, me recibí y no pude viajar con mis compañeros porque ellos ahorraban desde hacía mucho tiempo y yo no había tenido medios para comenzar con ese ahorro. Así que le comenté a mi amigo “El Negro” Daniel Ledda, a quien recuerdo con mucho cariño. Y no sé ni quienes ni cuando se reunieron pero me hicieron LA propuesta que hoy guardo en mi corazón.

– ¿Por qué no viajás con nosotros?- dijo “el Negro”.

-Pero no tengo manera de hacerlo- contesté.

– Viajás y después vemos cómo lo pagás, así no te quedás sin ir a Bariloche.

Pero no viajé, realmente no podía. Simplemente disfruté a carcajadas las miles de historias a su regreso que obviamente no voy a revelar porque comprometería a más de uno.

Así era y es la gente del IES. Así es la educación que da y así el afecto que le tengo a esa institución. Allí se recibió de maestra la que fue mi novia en la Villa durante muchos años, pero esa… esa es otra historia.

image_pdfimage_print