“Un baño de colores”, relato de Carola Jarrys que participó de “El IES en tu memoria”

¿Qué cosas permanecen en la memoria y cuáles están destinadas a disolverse lentamente hasta desaparecer? Podríamos aventurar una respuesta y pensar que no olvidamos aquellas vivencias que tuvieron, por buenas o por malas, alguna intensidad. Podríamos pensar que las experiencias anodinas están destinadas al olvido. Lo cierto es que no elegimos qué experiencias van a permanecer en el recuerdo y cuáles no. Simplemente nos sucede. En este relato que participó de “El IES en tu memoria”, Carola Jarrys de 6° año B comparte una experiencia que, seguramente, será de esas que permanecen en el tiempo y en nuestra memoria. Un recuerdo repleto de colores, de libertad y de plenitud hecha arte.

Un baño de colores

Por Carola Jarrys (6°B)

El mejor recuerdo que tengo  durante mis días en el IES es la pintada de las puestas de los baños. Creo que estaba en 3° año y el curso se dividía entre música y plástica, solo cinco personas (aprox.) elegimos plástica asique era una hora muy particular, el hecho de ser tan pocos era  lo que lo volvía único y cercano. Te sentías especial poder pertenecer a un grupo de tan poquita gente. Nos sentábamos con los bancos en ronda, para poder mirarnos entre todos. A veces traíamos cosas para compartir, criollitos, galletitas, mate, etc., poníamos música y charlábamos. Además de, obvio, realizar los trabajos que la profe nos daba. Esperaba con ansias que llegara la hora de despejarte del colegio, ya que si bien seguíamos en él, el arte, la tranquilidad y esas 5 personas era como un escape del curso, del alboroto, de lo aburrido del colegio. Para ser sincera lo único que me interesaba era dibujar y pintar, lo demás como las matemáticas, la biología, la física me parecía totalmente inservible e insípido. 

Me acuerdo la emoción que tenía cuando nos dijo que íbamos a pintar las puerta de los baños de las chicas. La profe se jubilaba y nos había dicho que era la “huella” que iba a dejar en el colegio. En ese entonces amaba dibujar mándalas (actualmente sigo haciéndolo) y casualmente esa profe era la que me había metido en el mundo del zentagle sin querer en 1° año. Imaginen mi alegría al decirme que el tema o la temática iba a ser de ellos y de flores. Tenía la oportunidad de plasmar mi arte en un lugar donde todos lo podían ver (más que todo mujeres) y no solo nuestra escuela sino todas las escuelas del edificio. Nos dijo que buscáramos inspiración, trajéramos materiales y ropa para pintar (es la que más me gusta).

No me acuerdo mucho pero creo que fue una semana entera, varias veces salíamos de las clases para seguir pintando, ¿qué mejor que hacer lo que te encanta? Pintábamos puerta por puerta, todos elegíamos una parte y comenzábamos a bocetar. Mi primer diseño me había llevado bastante tiempo en dibujar, pero me acuerdo que me emocionaba porque estaba en el medio y había quedado muy lindo. Íbamos de apoco terminando, plasmando un pedacito de cada uno en ellas. No solo estábamos nosotros también veían de otros cursos y hacían su parte.

Me encantaba, era como combinar todo lo que me gusta, era la excusa perfecta para salir una hora de las clases aburridas que no se comparaban a estar haciendo lo que tanto me gusta,  pintar. Cada vez que terminábamos una nos sacábamos una foto orgullosos de lo que habíamos creado. Hubo dificultades como cuando no nos andaban los fibrones, se nos secaban con el acrílico y no podíamos remarcar más nada, pero siempre se solucionaban. Cuando al fin las barnizaron y las colocaron quería mostrarle a todo el mundo lo que habíamos hecho. En conclusión creo que debería haber más instancias así, creo que el arte en todas sus ramas es menos preciado y descuidado, muchos chicos al salir del secundario van a seguir algo relacionado con el mismo y tenemos lo mínimo e insuficiente. Las formas de expresarnos (plástica, música) están limitadas a una hora por semana y hay muchas que no son ni considerada como la danza, el teatro (se da solo en sexto) y la escritura entre otros. La escuela se vuelve algo rutinario, aburrido y exigente, te sentís como un número, una nota y dejas de pensar en lo que te interesa. No a todos nos gusta lo mismo y mucho menos aprendemos de la misma forma  o nos va bien en lo mismo, por eso me parece sumamente importante darle la misma oportunidad a un filósofo o matemático que a un bailarín o pintor. Promocionar  instancias en donde podes liberarte, hacer lo que te gusta, olvidarte de las notas y que se concentren más en la educación  emocional que muchas veces no se toma en cuenta.

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