“Cambio de hora”, un relato de Morena Cánovas que participó de “El IES en tu memoria”

La memoria siempre nos sorprende, a veces descartando aquello que creíamos que nunca olvidaríamos y otras veces perpetuando vivencias que no sabíamos que se resistirían a ser olvidadas. Nos sorprende también porque nos invita a detenernos en esas experiencias que vuelven a nuestra memoria (en realidad nunca se fueron) para permitirnos encontrar en ellas la belleza y la elocuencia de lo simple. En esta oportunidad compartimos el relato que presentó Morena Cánovas, de 2° año C para el Concurso “El IES en tu memoria”, en el que nos invita a recorrer los vericuetos de la memoria y encontrarnos en un recodo del camino con este recuerdo de inicios del 2020, antes de que la pandemia y la consabida cuarentena nos recluyeran en nuestros hogares.

Cambio de hora

Primera semana de clases presenciales, en mi nuevo colegio IES de Carlos Paz, nuevo horario y la emoción de madrugar de nuevo (obvio que no).

Recuerdo que era el tercer día de clases. Estaba nublado, no hacía frío y me dirigía caminando rápidamente porque tengo la costumbre de considerar importante la puntualidad, y ese día ya estaba llegando un par de minutos tarde. Así que me apuré tanto como mis piernas podían aguantar.

Mientras recorría las calles pensaba que era puntual, pero no entendía bien qué pasaba en esta escuela que mis profes y compañeros nuevos, parecían mucho más puntuales aún. Pensaba que seguro ellos llegaban media hora antes que yo porque ya habían pasado tres días del inicio de clase y ellos ya estaban en el aula y la clase parecía avanzada. Estaba tan desorientada que no entendía bien si la clase se iniciaba antes del horario que habían fijado.

Finalmente llegué, pero nuevamente me había pasado lo mismo. Todos estaban en el aula y la clase ya había comenzado. Recuerdo que no quise ni preguntar, pero todo era raro para mí.

Cuando la clase terminó y llegó el primer recreo, salimos hacia el patio de básquet y noté que se acercó mi preceptora a preguntarme amablemente:

– ¿Qué pasa que estás llegando tarde?

 Y sin entender lo que ella me decía, le respondí:

 – ¿Por qué? ¿No entramos a las 8 hs?

Y ella con una sonrisa en el rostro me dijo:

– ¡Noo, entramos a las 7:30!

Lo primero que pensé es en qué momento me había informado mal y ahí me di cuenta que en realidad, todos los días estaba llegando 30 minutos tarde. Ese día entendí por qué cada vez que llegaba, la clase ya había empezado.

Lo primero que vino a mi mente fue pensar que hermosa manera de comenzar el año y en una nueva escuela.

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