“El primer día”: relato de Candela Miñoz para el concurso “El IES en tu memoria”

Aunque suene a verdad de perogrullo, la vida nos enseña todo el tiempo y muchas veces, a pesar de lo que quisiéramos seguir creyendo, pensando, haciendo… Y frente a esto podemos protestar, negar, e intentar rechazar lo que nos toca pero no podemos detener las experiencias que vamos a vivir. Los cambios rotundos de rutinas, vínculos, espacios conocidos constituyen una experiencia que siempre moviliza, incomoda y más de una vez tendemos a volver a aquel lugar de estabilidad y de certidumbres. En este relato presentado al Concurso “El IES en tu memoria”, Candela Miñoz de 4° año D nos propone acercarnos a una experiencia que nos inunda de incertidumbre y nos permite reflexionar acerca de lo maravilloso que es, a veces, salir de lo conocido y aventurarse a la encrucijada de caminos y a nuevos senderos por desandar.

El primer día

Esto ocurrió el primer día de clases, en primer año. Llegué al colegio con mi mamá que me acompañó porque ese día era el sorteo para saber quá curso y con qué compañeros me iba a tocar.

Yo estaba muy nerviosa, quería que me tocara con mis amigas, con las que por suerte habíamos estado juntas, desde la salita de tres.

Cuando entramos nos hicieron formar en el patio cubierto, donde estaba la directora, la vicedirectora, los preceptores, y todos los alumnos que empezábamos primer año y también todos los padres.

Nos hicieron un hermoso acto de bienvenida, se presentaron los directivos y nos presentaron a los preceptores, después procedieron a contarnos cómo iba a ser el sorteo.

Y así llegó el gran momento, empezaron a sacar los papelitos con los nombres, la profe Postay los leía y los alumnos debíamos ir con el preceptor que nos correspondía a cada uno. Yo estaba muy nerviosa sentada de la mano con mis amigas, rezando para que nos tocara juntas, cuando de repente me doy cuenta que una compañera estaba llorando desconsolada, me dio mucha lástima y empecé a hablarle para hacerla sentir mejor, pero no había forma, no paraba de llorar, me decía que no le había tocado con sus amigas y que se iba a quedar sola porque ella no se juntaba con nadie que no fueran ellas, porque le daba mucha vergüenza hablar con otras personas, me partió el corazón.

Estuve tanto tiempo consolándola, que cuando menos lo pensé la nombraron a ella, tuvo que ir con su preceptor. En ese momento cuando miré para atrás me di cuenta que mis amigas ya no estaban, ya habían salido sorteadas y yo ni me di cuenta, ni sabía en qué curso les había tocado ni nada, si estaban juntas o separadas, no sabía nada, me había perdido más de la mitad del sorteo.

Pero la mejor parte de esta historia es que a mí no me tocó con ningún conocido, solo con la chica que había estado consolando. Nos sentamos juntas, ella estaba más tranquila y hablamos un montón. Nació una hermosa amistad que dura hasta el día de hoy. A pesar de haber elegido especialidades diferentes hoy seguimos juntas y somos grandes e inseparables amigas.

image_pdfimage_print