¡Más cuentos maravillosos! “La fiebre y el niño mago”, de Florencia Scaglia y Mateo Viana

Durante el ciclo lectivo 2021, los alumnos de 2° año C trabajaron en el marco de la asignatura Lengua y Literatura en producciones literarias propias. De la mano de la Prof. Pamela Ruiz, los estudiantes pudieron volcar su creatividad para fijar los contenidos del tema “Cuentos populares maravillosos y populares realistas”. La docente les propuso un recorrido por relatos antiguos y algunas de sus versiones a lo largo del tiempo, para culminar con la elaboración de cuentos tradicionales en su forma pero con una novedad en sus temáticas y detalles.

En esta ocasión, acercamos el cuento escrito por Florencia Scaglia y Mateo Viana, quienes actualmente son alumnos de 3° año C.

La fiebre y el niño mago

Érase una vez, un pequeño pueblo habitado por seres inimaginables, para nosotros los humanos, algo peculiares, pero muy especiales. Había unicornios con alas doradas, hadas hechas de lodo, sirenas que vivían en un lago repleto de cocodrilos danzantes, madrigueras de conejos gigantes de color verde musgo. ¿Se imaginan vivir allí?

Tiempo atrás, en el gran bosque de pinos azules habían encontrado una cesta de mimbre con adentro un hermoso bebé de tez blanca y ojos tan verdes como un trébol, junto a él, había una nota que decía: “Cuiden a nuestro bebé es heredero de una dinastía de magos poderosos”.
El pequeño fue acogido por el hechicero del pueblo, quien lo crió entre hierbas curativas, pociones y mucho cariño.

Desde pequeño le enseñó el arte de curar pero digamos que a él esto no se
le se daba muy bien. Te preguntarás, ¿por qué? Y bueno, en el pueblo lo reconocían como un niño bastante torpe. Siempre que lo veían estaba haciendo de las suyas, por eso la gente desconfiaba del Niño Mago y de su capacidad.

Un verano muy caluroso, mientras el Niño Mago se encontraba nadando con las sirenas, en el
pueblo un rumor se esparcía rápido como un rayo. Una noticia imprevista era anunciada.

¡Atención Atención! ¡Hay un anuncio muy importante, todos pongan su total atención!

La gente se detenía al escuchar el anuncio y pronto se supo que algo terrible estaba sucediendo.

En el hospital, ya había varios casos recurrentes de una enfermedad nueva que se estaba expandiendo por todo el pueblo. La rarísima Fiebre Unicornus Matus. Sus síntomas eran:
la piel con lunares verdes y violetas, pies en los que crecían pequeñas alas, y cada vez
que estornudaban de la nariz salían burbujas de chicle. En los casos más graves lloraban y lloraban desconsoladamente. Las lágrimas parecían pequeñas gotitas de chocolate. Los pequeños más traviesos, además podían ser perseguidos por una insistente pequeña nube que sobre su cabeza les llovía pochoclos.

Esta noticia los dejó mudos, sin palabras. Uno de los conejos desesperado, empezó a correr y
gritar:

-¡Todos vamos a morir!- gritaba, desatando el caos.

De repente una vocecita se escuchó:
-Nadie va a morir, mi padre y yo encontraremos una cura-. Era el Niño Mago, quien decidido
hablaba.

Lo miraron todos, pero todos continuaron intranquilos y gritaban atrapados por el creciente miedo y la amenaza de contraer la Fiebre Unicornus Matus. Inmediatamente, el Niño Mago fue a buscar a su Padre, el sabio hechicero del pueblo; confiaba que juntos podrían encontrar el conjuro que salvaría a los habitantes del pueblo.

Toda la noche invocaron la ayuda de los espíritus de hechiceros, magos, brujas que los precedieron, y cuando estaban a punto de perder todas sus esperanzas, recordaron la poción mágica Tinguis Puntis que aparecía en el antiguo libro del arte de curar que su padre había heredado hacía mucho tiempo. Para ello debían en un caldero hervir cinco hierbas, que solo crecían junto al pino rosa, una especie casi en extinción y agregar una gota de sangre de cada enfermo de Fiebre Unicornus Matus en la noche de luna llena. Una vez preparada la poción cada enfermo tenía que lavar sus pies con este remedio.

Un grupo de padres de los niños traviesos se ofreció para buscar estas plantas mágicas que crecían junto al pino rosa. Finalmente, luego de tres días y dos noches con ellas regresaron. Se preparó el líquido y cada enfermo donó al caldero una gota de su sangre.

El Niño Mago y su Padre, el Hechicero, prepararon la poción mágica que a todos curó. Desde ese día, fueron felices y comieron perdices.

¡Colorín colorado este cuento se ha terminado!

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