“El reinado de las dos fronteras”, un cuento maravilloso sobre una conciliadora princesa

Durante 2021, se llevaron a cabo por parte de los alumnos diversas producciones en la asignatura Lengua y Literatura, con el acompañamiento de la Prof. Pamela Ruiz. Los estudiantes abordaron los contenidos sobre el formato de cuentos maravillosos y realistas, para plasmar esos aprendizajes en sus propias creaciones literarias.

En esta ocasión, acercamos un cuento de las alumnas Julieta Amarilla, Vera Sosa, Martina Páez y Bianca Bonini.

El reinado de los dos fronteras

Había una vez una hermosa princesa. Ella era realmente bella, sus ojos celestes como el cielo iluminaban su rostro lleno de pequeñas pecas, y su cabello era una cascada de rulos color café, su cuerpo estaba tallado por los dioses y su sonrisa era la más bella de todo el reino. Podía ser muy bella, pero la idea de estar encerrada en su castillo esperando que su príncipe azul llegara a rescatarla no le agradaba mucho, aunque estuviera rodeada de lujosas ropas y costosas comidas. Quería conocer el bosque, ya que se rumoreaba que había criaturas mágicas, buenas y malas aguardando allí.

Se pasaba las tardes soñando con ir junto a su caballo para conocer a estas criaturas, investigarlas, y de ser necesario luchar contra alguna de ellas. Nada de príncipes, solo ella, su espada y su caballo.

Por supuesto, su padre y su madre se oponían a la idea de que la princesa saliera del castillo. Pero cierto día, tuvo que hacerlo. En un viaje a otro reino, el carruaje en el que se dirigían sus padres desapareció; nadie sabía cómo o por qué, simplemente se había esfumado.

Pasaron unas semanas y no había noticias de ellos. Los rumores decían que justo en la zona por donde había pasado el carruaje habitaba una criatura desconocida, porque los pocos que habían pasado por allí habían desaparecido sin dejar rastros y todos coincidían que esta criatura era la responsable de la desaparición de sus padres.

La princesa, preocupada por sus padres e intrigada por la supuesta criatura, tomó su caballo, su espada, un par de provisiones, y sin pensarlo dos veces partió siguiendo la ruta por la que habían ido sus padres.

Todo iba bien. El camino era hermoso, el atardecer era espléndido y mágico hasta que en un momento una nube negra cubrió todo el cielo. El viento comenzó a soplar, y el caballo empezó relinchar; y una suave llovizna empezó a caer. En ese instante, la joven comenzó a escuchar voces y muy a lo lejos una armónica melodía. Se armó de coraje y se dirigió hacia dónde provenía la melodía que escuchaba. El camino estaba lleno de árboles, arbustos y plantas raras, pero ella siguió y siguió cabalgando.

En medio del camino, se encontró con un precipicio, al otro lado del mismo se escuchaban gritos, se veían luces, y la melodía había desaparecido, pero la princesa estaba decidida a llegar a la fuente de los sonidos. Se bajó de su caballo y se asomó para ver qué había abajo.

De repente, el lugar donde estaba parada se hundió. En ese momento, la princesa perdió el conocimiento.

Al despertar estaba en un calabozo junto a su madre, padre, y quince personas más, que ella había recordado ver en el pueblo. Asustada les preguntó qué estaba pasando. Pero en ese instante, ingresó al lugar una horrible bestia con seis patas con enormes garras, tres manos, cinco ojos completamente blancos, todo cubierto de algo que parecía baba. Tomó a la princesa y la llevó a un lugar que parecía una especie de castillo. Cuando entraron, el lugar estaba lleno de hadas, gnomos, criaturas mágicas y al fondo de todo esto estaba la reina monstruo. Era una dragona blanca con un pelo brillante y sedoso que iluminaba el lugar. La princesa no entendía lo que pasaba, pero estaba callada, atenta a todo lo que la rodeaba.

La bestia colocó a la princesa en una silla justo en frente de la reina. Ella con mucho valor dijo:

– Buenas tardes su majestad, no sé dónde estoy, ni que está pasando. Lo único que le ruego es que no nos haga daño ni a mí ni a mis queridos.

La dragona blanca asintió con la cabeza y le respondió :

– Bienvenida querida princesa. Nosotros no le haremos daño a nadie, por lo menos no ahora. Buscamos llegar con ustedes a un acuerdo de paz, para que nosotros podamos vivir en nuestro reino sin tener problemas, y ustedes puedan vivir en el suyo del mismo modo.

La princesa no entendía bien lo que el dragón estaba diciendo así que le pidió que le explicara el problema y cuál era la solución que habían encontrado.  La dragona con gran tranquilidad, respondió:

– Hace tiempo, personas de tu reino transitan por los alrededores del nuestro. Nosotros no teníamos problemas, hasta que un caballero tuvo el atrevimiento de irrumpir en mi palacio. Quiso lastimar a mi sirviente y secuestrar docenas de hadas. Lo encerramos una temporada y luego lo dejamos ir, con la condición de que ese suceso no se repitiera nunca más.

El caballero nos pidió disculpas y se marchó. Pero al día siguiente, regresó con un ejército de hombres caballeros que intentaron atacar no solo al reino, sino también a las criaturas que habitan en él.

Tuvimos que deshacernos de todos los hombres y aplicar un hechizo de invisibilización para que de afuera nuestro reino no pudiera verse para no tener problemas. Aunque de todos modos hay gente que cruza nuestras fronteras y tenemos que apresarlas aquí, como a tus padres.

La princesa comprendía el problema. Entonces le propuso a la dragona una solución, y le respondió:

– Con todo respeto su majestad, comprendo el problema, pero me parece que apresar a las personas es innecesario. Lo que para ustedes es su frontera, para nosotros es la ruta que nos conecta con otros reinos. Por lo tanto, transitamos por ahí. No buscamos hacerles daño ni a ustedes ni a su reino, así que tenemos dos opciones: podemos ser amigos y convivir tanto usted como las criaturas que habitan aquí con nosotros; o ustedes tendrán que achicar los límites de su reino, para que nuestra ruta quede por fuera de sus fronteras y así no tengan que apresar a nadie más.

La dragona se vio intrigada por la propuesta, ya que en el pasado así era como vivían. Todos con todos y no había un reino de personas y uno de criaturas.

Al final la princesa y la dragona se dieron cuenta de que todos podían vivir en el mismo reino sin fronteras ni problemas. La liberó a ella, a sus padres junto con las otras quince personas aldeanas que estaban con ellos.

La joven regresó a su palacio y se hizo cargo de gobernar el nuevo reino que habían formado, el cual estaba conformado de personas y criaturas mágicas que convivían entre sí.

Desde ese momento todos fueron felices para siempre.

FIN

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