¿Por qué sigue vigente el Poema de Mio Cid?: Trabajo expositivo realizado por alumnos

Como parte de las actividades de la asignatura Lengua y Literatura, la Prof. Melina Navarro Frutos le propuso a sus alumnos un trabajo de escritura académica sobre el Pomea de Mio Cid. Allí, los estudiantes realizaron una lectura comprensiva, un análisis literario y una reflexión en torno a dicha obra literaria. Los estudiantes tenían como consigna elaborar un breve texto expositivo-explicativo que respondiera al siguiente interrogante: ¿Por qué la historia que narra el Poema de Mio Cid continúa vigente a pesar de los siglos que distancian nuestra sociedad con la sociedad española del siglo XI?. En esta oportunidad, acercamos el trabajo realizado por los alumnos Carla Fazio, Ramiro Maugeri, Agustina Kern y Malena Fernández.

El Poema de Mio Cid

La historia del Poema de Mio Cid narra las hazañas heróicas de Ruy Díaz de Vivar, el héroe de la Reconquista española, o más conocido como el Cid Campeador. Si bien es cierto que este personaje existió como tal, ya que es reconocido en la historia; los cantares del Mio Cid no relatan hechos históricos, sino literarios.

Para explicar dichas hazañas del héroe, el texto se divide en tres unidades temáticas o argumentales (diseñadas por estudiosos del texto) las cuales son:

  • El cantar del Destierro.
  • El cantar de las Bodas de las hijas del Cid.
  • El cantar de la afrenta de Corpes.

El cantar del Destierro

En este primer cantar se comienza a narrar la salida del Cid de Castilla, para afrontar su destierro. El rey lo ha condenado porque lo acusaron de haberse quedado con las parias de su señor. Abatido, el Cid se dirige a los pueblos del sur, a territorio de los moros ya que el rey le ha prohibido a su pueblo el amparo del Cid y de sus hombres. “(…) Salen a verlo hombres y mujeres; burgaleses y burgalesas, asomados a las ventanas, lloraban doloridos, y de sus bocas sale un mismo lamento: ¡Dios, qué buen vasallo! ¡Ojalá tuviese otro señor! (…)” (Anónimo, 1993, p.29). Aquí comienzan las luchas del Cid Campeador que busca recobrar su honra, y así poder volver a su pueblo, servirle al rey Alfonso y reunirse nuevamente con su familia.

El cantar de las bodas de las hijas del Cid

Tras conquistar Valencia, el Cid mandará una embajada al rey compuesta por uno de sus hombres más valiosos, a quien más confianza le tenía: Minaya, el cual, frente a sus vasallos, anunciará de las riquezas y triunfos en las batallas. Pero, al presumir sus logros, aumentará la envidia por parte de sus enemigos y, paralelamente, la envidia de los infantes de Carrión, estos últimos poco después se casarán con las hijas del Cid.

Una tercera embajada tendrá lugar, aquí el rey acepta las condolencias del Cid, y le propone que sus hijas contraigan matrimonio con los infantes de Carrión. Gracias a la devoción que mantenía el Cid al rey, este acepta. “(…) El Cid dijo: – Los infantes de Carrión son de alto linaje, muy orgullosos, y tienen favor en la corte, por lo que no me agradaría este casamiento; pero ya que lo aconseja quien vale más que nosotros, hablemos de ello, considerémoslo en reserva. (…)” (Anónimo, 1993. p. 151).

El cantar de la afrenta de Corpes

A tres años de las bodas de las hijas del Cid, los infantes de Carrión son puestos a prueba en la batalla contra el rey de Marruecos (una vez casados con las hijas del Cid, debían acompañar a su suegro el las batallas que librara), quien se había sitiado en Valencia. Los infantes demostraron su cobardía, pero el Cid no aceptaba esta situación, se rehusaba y así llegó a entregarle las espadas que habían ganado en el campo de batalla: la Colada y la Tizona. Celosos, los infantes tomaron represalias contra el Cid, y en medio de un camino maltrataron a doña Elvira y doña Sol, las hijas del Cid, las ataron en el robledal de Corpes y las azotaron hasta dejarlas casi muertas. “(…) Todos se habían ido y quedaban los cuatro solos, y entonces meditaron maldades los infantes de Carrión: -Doña Elvira y doña Sol, sabedlo: aquí, en estos fieros montes, seréis escarnecidas. Hoy nos iremos, y os dejaremos abandonadas, no tendréis partes en las tierras de Carrión. (…)” (Anónimo, 1993. p.199)

Vasallos del Cid, quienes habían seguido a los infantes porque de ellos desconfiaban, lograron salvar a las hijas del Campeador. El Cid pide al rey que anule el casamiento de sus hijas, así les devuelve su dignidad y la posibilidad de volver a contraer matrimonio. El rey se lo concede. “(…) Lo que a vos os pesa me duele a mí en el corazón; ¡Dios quiera que gracias a vos se honre hoy la corte haciendo justicia! (…)” (Anónimo, 1993. p. 215). Finalmente, el Cid gana el juicio y el cantar finaliza con los nuevos casamientos de las hijas del Cid con los infantes de Navarra y Aragón.  

El Cid Campeador

Este personaje, el héroe de la historia, tiene valores, creencias, actitudes que lo distinguen como tal que son apreciados por la sociedad.

Es astuto “(…) taimado es el Cid y quiere tenderles una celada (…)” (Anónimo, 1993. p.1)

Es valiente “(…) Si morimos en el campo al castillo nos traerán, si ganamos la batalla gran botín nos tocará (…)”  (Anónimo, 1993. p.4)

Es cauteloso, estratega “(…) Mio Cid de sus guerreros consejo quiere tomar. (…)”  (Anónimo, 1993. p.3)

Confía en su rey, lo respeta “(…) el Campeador hará lo que el rey quiera (…)” (Anónimo, 1993. p.151)

El Cid ama a su familia “(…) no me agradaría este casamiento; pero, ya que lo aconseja quien vale más que nosotros, hablemos de ello, consideremoslo en reserva.(…)” (Anónimo, 1993. p.151)

Cree en Dios “(…) ¡Que el Dios del cielo nos aconseje lo mejor! (…)” (Anónimo, 1993. p.151)

Estas creencias, valores y actitudes del Cid, se pueden relacionar con nuestra sociedad contemporánea, por ejemplo: el Cid tiene una creencia teocrática por medio de la cual justifica su accionar. Es su fanatismo el que lo lleva a luchar, a asesinar a los moros. Hoy en día, se ven luchas constantes por causas o ideales alrededor del mundo, así como el conflicto entre Palestina e Israel, las personas cubanas que salen a las calles a reclamar sus derechos.

El rey Alfonso

El rey Alfonso lo percibimos como un personaje ambicioso, codicioso y alguien ventajoso, podemos decir que es alguien arrogante pero compasivo, pero esto va de la mano de su personalidad ventajosa, adaptándose según su conveniencia.

Su relación de conveniencia “(…) Me alegro cordialmente y me alegro de las hazañas que cumple el Campeador; recibo pues, estos caballos que me envía de regalo (…)” (Anónimo, 1993. p.117)

Todas estas creencias, valores y virtudes del Rey podemos relacionarlas con nuestra sociedad contemporánea, un ejemplo que se adapta perfecto a la situación que estamos viviendo actualmente es cuando envía cartas para evitar que cobijen al Cid, con el DNU (Decreto nacional de urgencia) que anuncia el presidente ante situaciones de urgencia como con la pandemia del Covid-19. Otra forma en la que se relaciona es cuando el Rey salía de la plaza mientra lo observa el pueblo, debía pensar minuciosamente lo que iba a decir para su conveniencia y que el pueblo no lo critique con, por ejemplo, las campañas políticas, electorales, discursos, etc. Políticos o personas con alta reputación refiriéndose/ relacionándose con el pueblo para ganarse sus votos/ confianza.

Los Infantes de Carrión

Estos personajes, Diego y Fernando de Carrión, son cobardes, interesados en su propio beneficio, ventajeros. Por este motivo es que piden al rey que les conceda casarse con las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol. Dentro del relato, en el segundo cantar, por ejemplo, se ven estás características.

“(…) Aquí pusiéronse a conversar los infantes de Carrión: -Mucho van aumentando las empresas del Cid Campeador; bien estaría casarnos con sus hijas para nuestro provecho. No osaríamos en verdad, proponerle este proyecto: el Cid viene de Vivar; y nosotros, de los condes de Carrión (…)” (Anónimo, 1993. p.2)

“(…) -Los negocios del Cid prosperan mucho; pidámosles sus hijas para casarnos con ellas; seremos más ilustres y aumentará nuestra importancia. Con esta determinación secreta llegaron ante el rey. (…)” (Anónimo, 1993. p.3)

En la actualidad, siguen existiendo lugares donde a las mujeres les arreglan sus matrimonios, se podría hablar de Marruecos, donde las mujeres son obligadas a casarse con hombres que puedan ayudar a sus padres en sus negocios. Los infantes, en el relato, una vez que se casaron con doña Elvira y doña Sol, se vieron obligados a acompañar a su suegro en sus batallas.

“(…) Los infantes de Carrión empiezan a golpearlas; con las cinchas corredizas las azotan muy cruelmente, con espuelas agudas, que les causa gran dolor, les desgarran las camisas y las carnes a las dos: corría la sangre pura sobre los ciclatones. Ya sienten ellas el dolor y la ofensa en sus corazones. (…)” (Anónimo, 1993. p.199).

Las marcas de oralidad y el carácter propagandístico

El autor del cantar del Mio Cid es aún desconocido para el público, aunque éste dio lugar para la formulación de varios postulados, aunque aquellos que predominan, los más difundidos, son dos, el individualismo y el tradicionalismo.

El individualismo planteaba la idea de un autor único, que mantendría como característica el ser un clérigo instruido, pero que plasmaría su obra en un manuscrito para su conservación. Paralelamente, los tradicionalistas sostenían que el autor era un poeta anónimo y popular, que recopilaba y proponía darle forma literaria a fragmentos de cantares de temas similares, que posteriormente serían transmitidos de generación en generación.

A pesar de que el texto fue escrito, su difusión fue oral. Eran los juglares con sus cítaras y liras quienes recitaban el poema en las plazas de los pueblos. Este es el motivo por el cual encontramos epítetos y apelaciones directas al público en la versión más nueva, la de Per Abat.

Apelaciones directas al público:

“(…) El Cid habló lo que ahora me oirés cantar (…)” (Anónimo, 1993. p.3)

“(…) Allí vierais (…)” (Anónimo, 1993. p.3)

“(…) Ved cómo el Cid conquistó Alcocer por esta mañana (…)” (Anónimo, 1993. p.2)

“(…) Aquí teneis las pruebas de lo que os digo en verdad (…)”  (Anónimo, 1993. p.1)

Epítetos:

“(…) El que en buena hora nació muy firme se lo vedaba (…)” (Anónimo, 1993. p.3)

“(…) El Cid, el gran guerrero, os pide (…)” (Anónimo, 1993. p.1)

El texto, cuenta con un carácter propagandístico. Su difusión tenía la intención de convocar a jóvenes a la causa del rey, quería aumentar su ejército, quería más personas luchando en los pueblos del Sur de la península Ibérica que desterraran a los musulmanes. Los campesinos, en su ignorancia, se idealizaba como el siguiente Cid, una persona pobre que, como soldado, había conquistado tierras de moros y se había convertido en rey.

Conclusión

Para concluir con el presente texto, se puede decir que el Poema de Mio Cid continúa vigente a pesar de los siglos que distancian nuestra sociedad contemporánea con la española del siglo XI porque diversas situaciones ocurridas en el Poema se las puede relacionar con creencias, valores y actitudes de nuestra sociedad contemporánea.


Referencias bibliográficas:

  • Anónimo. (1993). Poema de Mio Cid. Buenos Aires: Editorial Troquel.
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