El IES despide a Marcela Pepe, una de las docentes más queridas y recientemente jubilada

Cada docente que pasa por las aulas del IES deja su impronta en los estudiantes, en sus colegas, en los proyectos realizados y en todas aquellas historias que circulan por los pasillos de la escuela. Despedir a un docente que ingresa en una nueva etapa de su vida es, también, cerrar un capítulo más de la historia del IES. En esta oportunidad recordamos el paso por nuestra escuela de la Prof. Marcela Pepe, quien apenas días atrás pasó a formar parte del grupo de docentes jubilados.

Marcela ingresó al IESS cuando se enteró de una convocatoria que había lanzado la escuela en 1991. De esa manera, además de desempeñarse como docente en la localidad de Tanti (donde reside hasta la actualidad), sumó sus horas como docente de “Lengua y Literatura” en el IES y en la Escuela Nocturna. Tiempo después, se presentó a otra convocatoria  y terminó concentrando sus horas en el IES. Al momento de ingresar, recuerda, conocía al IESS solamente de palabra: “Cuando comencé me inspiró mucho compromiso y agradecimiento, porque se me abrieron puertas y vos podías manejarte libremente”.

Sin embargo, su crecimiento en el IESS no se restringió a su tarea docente: “Estuve en el Consejo Directivo en cuatro oportunidades, algunas como suplente, como estaba hasta hace poco”. Su decisión a participar en el Consejo estuvo movilizada por sus inquietudes personales: “Soy una persona de participar socialmente. Me interesa la política, me interesa la actividad social. En el IESS, primero por una cuestión de naturaleza (para mí no era un sacrificio, sino que me nace hacerlo), y además por una cuestión de agradecimiento de decir ‘me dieron trabajo, me trataron bien, entonces creo que, por las características de esta institución, en la que en un punto nos tenemos que comprometer, por supuesto que lo hago’”. Esa trayectoria en el Consejo fue posible, destaca Marcela, porque tuvo la oportunidad de trabajar con compañeros con los que se sentía cómoda: “He estado con muchos compañeros cabeza de lista, como Walter Gispert o Rubén Gudiño. Son gente a la que yo, institucionalmente, les tengo confianza, y creo que se lo merecen por todo lo que implica la labor de ellos, muchas veces silenciosa y muchas veces mal reconocida, incluso muy criticada, que es gratuita y que es un trabajo tremendo y una responsabilidad tremenda”. Para la profesora, el IESS reviste de una particularidad que le da una identidad especial, de la que todos los que lo conforman deben ser responsables: “Las otras escuelas privadas tienen un jefe, un dueño, y eso deslinda de responsabilidad. Acá no: acá si no tomás vos las riendas…”.

A lo largo de sus años como docente en el IES, Marcela tuvo la oportunidad de compartir muchas instancias de trabajo con colegas. Eso le permitió formar un perfil del docente del IES y, sobre todo, del docente que tiene la responsabilidad de educar en el contexto actual. Al respecto, reflexiona: “Cada vez más me parece que el Ministerio de Educación les exige mucho a las direcciones: determinados caminos, determinados rumbos. Eso hace que en general, no solo en el IES, el docente quede como al costado: su perfil, su personalidad, su impronta. Porque está exigido y el tiempo no es mucho, el tiempo real en la escuela se te escapa de las manos”. En cuanto al caso particular del IES, manifiesta: “El IES es la escuela que yo conozco de Carlos Paz que es más libre. Es más abierta. No sólo porque ya el estatuto lo dice, sino porque realmente se da en la práctica. Entonces eso hace que los docentes no sean de un perfil tan homogéneo”. La homogeneidad, según su lectura, se da en cuanto a la unificación de aspectos del curriculum, por ejemplo en el uso de cuadernillos comunes, mientras que sigue habiendo una heterogeneidad en el perfil de los docentes que, según su opinión, es necesario conservar. En sus palabras: “Si hay algo que te enamora de la actividad es esa relación fluida de creatividad que vos podés tener en el aula. Lo que vos sentís, más que como docente, como persona: lo que generás. Y me parece que eso a lo mejor se está perdiendo un poco por estas cuestiones de tanto control y tanta burocratización del Ministerio”.

El perfil que Marcela desarrolló como docente es lo que le permitió disfrutar tanto de sus días en el aula. Sus momentos favoritos eran aquellos que trascendían los muros: “Disfrutaba el trato con los chicos, el humor. Yo me divierto en las clases, me río de las cosas que ellos hacen y dicen. Siempre les decía a mis amigos: ‘Yo voy a la escuela porque ‘vampireo’ a los alumnos’. Me parece que estar en trato con gente joven te hace estar al tanto del mundo”.

Es en ese trato humano con los alumnos que Marcela encontró que se desempañaba con facilidad. La tecnología, en cambio, es uno de os aspectos en los que reconoce que no pudo manejarse con comodidad: “En estos últimos años, donde la tecnología fue tan necesaria, yo aprendí, hice el esfuerzo, pero llegué hasta ahí. Se pusieron mi trabajo al hombro mis compañeras, Melina Navarro Frutos y Gabriela Rodríguez. Había momentos donde yo quería colaborar y metía la pata”.

Otro de los espacios que Marcela reconoce que va a extrañar es la sala de profesores: “Hemos compartido tantas cosas que los considero amigos, que por ahí no en todos los trabajos tenés. Y buenos compañeros, a pesar de que en unas épocas los talleres también eran más abiertos, porque eran más de opinar y debatir, y entonces nos peleábamos a morir”. Esa amistad entre colegas también se forjó en instancias fuera de la jornada escolar, como al realizar actividades para ayudar a familias o a alumnos a la hora de juntar fondos para los viajes educativos.

Ese espíritu de pertenencia se conserva a lo largo de la historia del IES. Marcela destaca, además, el respeto por la individualidad, por la diferencia: “Me parece que es un norte que tiene Viviana Postay y lo manifiesta permanentemente, y me parece buenísimo”. El cambio más notorio, como lo mencionó anteriormente, es la pérdida de la impronta de la creatividad del docente, debido a la injerencia del Ministerio de Educación: “El malestar tiene que ver con esto de que no tenés autoridad propia, todo tiene que ser justificado por otro, o el Ministerio o un autor. Tu voz, tu experiencia, tu conocimiento, tu preparación, queda un poco en segundo lugar”.

La voz y la experiencia de Marcela se traducen en algunas sugerencias que pueden ser útiles a aquellos que recién estén iniciando su camino en la docencia. Su consejo, reconoce, va a contrapelo de lo que le exigen a un docente hoy en día: “Vayan más a la biblioteca, agarren más un libro, lean más en el aula y escriban más en un cuaderno. Sigo convencida que escriben y leen más los profes que los alumnos, que todo es demasiado segmentado y que eso no está bueno; la reducción de vocablos, la poca posibilidad de poner en juego la concentración, más allá de la lectura, literatura”.

A pocos días de iniciada su etapa como docente jubilada, Marcela se resiste a hacer demasiados planes: “No tengo nada en claro. Por lo pronto, aprovechar las ventajas, no madrugar”, dice entre risas. En lo inmediato, pretende continuar con aquellas actividades que ya tenía por fuera de su rol docente: “Siempre estoy metida en alguna comisión. Hace un tiempo largo que estoy estudiando francés. Hago yoga y gimnasia. Si tuviera que plantearme un desafío mayor, me gustaría estudiar alguna carrera, psicología, por ejemplo, o historia”.

Por último, la profesora se tomó un momento para hacer un sentido agradecimiento: “Quiero decir gracias al IESS, a mis compañeros, a mis alumnos, que estuve treinta y pico de años ahí, donde se vivieron muchas cosas. Para mí el IESS siempre fue mi sostén: yo pasé muchas cosas en mi vida; lo más seguro en mi vida, era el IESS”. Al mismo tiempo, se despide formalmente de la escuela con un enorme deseo: “Que siga siendo la escuela que fue y que es”.

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