“El laberinto de espejos”, de Esteban Valentino

El cartel me parecía interesante. Un laberinto de espejos con un solo camino de salida y un montón de calles falsas que terminan en la nada, en un gran espejo que no hacía más que reflejar la propia imagen y la cara de tristeza por haber fallado en encontrar la puerta de regreso al mundo de afuera. Le dije a Fede que la entrada no era cara y que, de última, estábamos en ese parque de diversiones para pasarla bien. Estuvo de acuerdo. Pagamos y nos metimos. Cientos de espejos empezaron a multiplicarnos. 

En algún lugar había leído que para salir de un laberinto hay que doblar primero a la izquierda y después siempre a la derecha. Hicimos eso. Todo parecía bien. Estuvimos varios minutos girando a la derecha y siempre aparecía una posibilidad. Pero los que construyeron el laberinto debían haber leído el mismo libro que yo, porque al fin llegamos a una calle que terminaba en una pared de espejos y nada más. El primer fracaso. Retrocedimos y a empezar de nuevo. Ahora no seguimos un plan. Simplemente doblábamos donde se nos ocurría y hacia cualquier lado. Varios minutos de caminata y otra pared de espejo, sin salida. Allí Fede descubrió algo en mi cara reflejada.

       -Che, Mati, ¿qué te pasó en la mejilla?

       -Nada, que yo sepa. ¿Por qué?

       -No, porque tenés una cicatriz fea, como un raspón grande.

       -Yo no tengo nada, Fede, ¿de qué me hablás?

       -Mirate en el espejo. Mirate la cara.

Yo no le había dado bolilla a mi imagen. Cuando vi que llegábamos otra vez a una calle sin salida me dediqué a planear nuestros pasos siguientes. Pero cuando mi amigo me habló sobre la herida me miré al espejo con cuidado. Y tenía razón. Allí, en mi mejilla derecha, apenas debajo de los ojos, nacía una línea roja, que se extendía casi hasta la oreja.

       -Mati – me dijo Federico-. No te quiero asustar, pero ahora que te veo directamente, en la cara no tenés nada.

       -¿Cómo que no tengo nada? – Alcancé a preguntar justo antes de que un pedazo de vidrio cayera desde el techo y me rozara apenas la cara. Caí sentado sobre el piso y me llevé la mano a la cara. La saqué manchada de rojo y no necesité mirarme a ningún espejo para saber que ahora sí, que ahora tenía un raspón en la mejilla derecha, desde debajo de los ojos hasta casi la oreja.

En la siguiente pared sin calles laterales el de las cosas raras fue Fede. En el espejo tenía una cara de dolor de aquellas, pero la natural estaba con la sonrisa de siempre. No tuvimos tiempo de preguntarnos nada. Cuando quiso girar para mirarme, pisó mal y se derrumbó con un grito. Miré hacia el cristal y me vi arrodillado junto a él, aunque yo seguía parado. Era tonto pensar lo que estaba pensando, pero no había otra explicación: el espejo adelantaba, mostraba el futuro inmediato.

       -Pucha – pudo decir Fede casi sin voz -. Me torcí feo el tobillo. Creo que me esguincé.

       -Bueno, parate y apoyate en mí, a ver si podemos salir.

Me pasó un brazo alrededor del hombro y fuimos caminando despacio buscando la salida.

       -¡Hola! -grité-. ¿Hay alguien afuera que nos pueda ayudar? Mi amigo se lastimó el pie.

No respondió nadie. Además, empecé a darme cuenta de que en todo ese tiempo no nos habíamos encontrado con nadie más, como si hubiéramos sido los únicos que habíamos cometido la estupidez de entrar en ese laberinto de porquería.

Seguimos andando muy despacio, porque Fede apenas si podía pisar. Dimos varias vueltas a ver si teníamos más suerte, pero no hubo caso. Casi sin fuerzas, llegamos a otro espejo con solo el camino de entrada como única salida. Ninguno de los dos quiso mirar su reflejo. No queríamos saber nada con nuevas sorpresas. Pero no pudimos contenernos. Al mismo tiempo levantamos la mirada y miramos hacia adelante.

Y allí, frente a nosotros, nos vimos, uno con el brazo sobre los hombros del otro, yo sosteniendo a Fede, pese a la fea herida que me cruzaba la cara.

Y detrás, jadeando sin pausa, un rottweiler enorme, con la boca apenas abierta y la baba chorreándole hacia el piso.

No quise darme vuelta.